¿Existe realmente el «lavado de cerebro»?

espiral

Con el auge de las fake news (noticias falsas) parece que hay una expresión que se ha vuelto a poner de moda: el lavado de cerebro (brainwashing en inglés).

Y es que se teme al posible poder manipulador de dichas “noticias”,  a su capacidad para alterar de manera profunda las creencias de las personas.

Pero ¿hay algún fundamento en esa asociación entre las noticias falsas y el lavado de cerebro? Si hemos de creer a Richard Smyth en un artículo para New Humanist, lo cierto es que no.

Smyth cita a los expertos Alexandra Stein y Jonny Scaramang para mostrar que la influencia de las noticias falsas es un proceso con diferencias cruciales respecto al lavado de cerebro.

El lavado de cerebro produce una especie de disociación entre la habilidad de las personas para razonar y el sistema o la relación que está llevando a cabo el lavado de cerebro. De esa manera, el sistema de creencias que se quiere imponer acaba siendo inmune al examen crítico.

La clave, pero, está en que esa inmunización frente al escrutinio crítico se lleva a cabo de una manera global:

El lavado de cerebro es, por encima de todo, un proceso: de aislamiento, de intimidación, de adoctrinamiento. No consiste en explicar a la gente cosas que no son ciertas de manera repetida hasta que comiencen a creérselas. El lavado de cerebro altera los controles de una manera más profunda que eso. No se trata tanto de las creencias, como del sistema entero.

Lee el artículo completo de Smyth (en inglés) en New Humanist para conocer al completo sus argumentos, y las posibles diferencias entre el lavado de cerebro y otros procesos, como la educación por parte de los padres.

 

Da que pensar: Smyth concede la existencia del lavado de cerebro como proceso, pero no todo el mundo está de acuerdo en que exista siquiera. Sólo por poner un par de ejemplos:

Oliver Burkeman escribía en The Guardian que la idea del lavado de cerebro se popularizó en la década de 1950, para explicar por qué algunos marines de EEUU prisioneros en Corea acababan desertando de su ejército. Con el tiempo, el lavado de cerebro como concepto ha pasado a la cultura popular, aunque es una idea más que dudosa:

El concepto era una manera fácil de esquivar cuestiones más oscuras sobre la psicología. Si el lavado de cerebro existe, entonces lo único que tenemos que hacer sería alejarnos de los lavadores de cerebros. Pero de hecho el mundo está lleno de “persuasores ocultos”, tanto pequeños como grandes. No hay un interruptor secreto que permite a los villanos controlar tus pensamientos; en lugar de ello, hay anuncios de televisión, y amigos manipuladores y religiones inductoras de la culpa, y otras tantas maneras en las que influenciamos, y somos influenciados, todo el tiempo. No es casualidad que los psicólogos eviten la expresión “lavado de cerebro” en la actualidad. Es un fenómeno sin fundamento […]

Como muestra de lo que dice, Burkeman menciona las causas por las que las personas suelen caer presa de las sectas. Aunque son mecanismos poderosos son bastante triviales, como la tendencia a justificar nuestras propias acciones.

Más matizado, pero también igual de escéptico, se muestra Steven Novella en una entrada para su reputado blog NeuroLogica Blog. Para Novella, el que exista o no el lavado de cerebro es más bien una cuestión de definición.

El lavado de cerebro sería el proceso de alterar las creencias y opiniones mediante una influencia agresiva, utilizando técnicas de influencia social, persuasión y educación. Pero esto nos deja con un problema: ¿dónde ponemos los límites entre los procesos?:

[…] ¿dónde situamos el límite entre, por un lado, las interacciones comunes del día a día, como la publicidad, la propaganda política y la educación, y por el otro lado el lavado de cerebro maligno?

Si clasificas cualquier intento de manipular las creencias de los otros como lavado de cerebro, entonces claro que el lavado de cerebro existe y que funciona hasta cierto punto. Pero si defines el lavado de cerebro como […] la capacidad para implantar órdenes que pueden ser desencadenadas en un tiempo futuro, entonces el lavado de cerebro no existe.

En definitiva, explica Novella:

Para contestar a la pregunta de si el lavado de cerebro es real, yo diría que las técnicas para influenciar las opiniones, las actitudes y los comportamientos de los otros existen de veras y que tienen una efectividad variable. Esas técnicas existen en un espectro que va de la simple influencia al adoctrinamiento, llegando hasta el control totalitario y el lavado de cerebro. No hay líneas de demarcación claras, pero los extremos existen.

El lavado de cerebro, no obstante, no implica técnicas secretas de reprogramación que se dirigen al cerebro del sujeto sin que éste lo note […]. Son tan sólo intentos extremos de influenciar mediante la manipulación y el control.

Lee los artículos completos de Oliver Burkeman en The Guardian y de Steven Novella en Neurologica Blog para conocer al completo sus argumentos, así como algunas estrategias relacionadas con el lavado de cerebro.

 

 

 

 

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