Minutos musicales: Consider the Source

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Hoy día, el término “fusión” es una especie de cajón de sastre en el que caben todo tipo de aventuras musicales, algunas más o menos inspiradas o más o menos novedosas.

Esta entrada está dedicada a una aventura inspirada y novedosa a su manera: el trío Consider The Source (CtS).

CtS está formado a día de hoy por el guitarrista Gabriel Marin, el bajista John Ferrara y el baterista Jeff Mann. La banda, creada en 2004 en EEUU, no ha dejado de trabajar duro y de tocar en directo, puliendo su estilo, visitando países como Israel, Turquía o la India.

¿Y cuál es el estilo de CtS? Tratándose de una banda de fusión, la pregunta no puede ser sino peliaguda.

En su página web se aplican la descripción “Sci-Fi Middle Eastern Fusion”, es decir, una expresión formada de juntar la ciencia ficción (Sci-Fi), la fusión (Fusion) y el Oriente Medio (Middle Eastern).

En términos más mundanos, podemos decir que CtS combina sonidos de la India y de inspiración balcánica con la improvisación del jazz, la potencia del rock y los paisajes sonoros de la psicodelia. Casi nada.

Ésta en apariencia imposible mezcla está propulsada por el virtuosismo de sus miembros, en especial Marin (que suele utilizar una guitarra de doble mástil, siendo uno de ellos una guitarra fretless, o sin trastes) y de Ferrara (que golpea su bajo con su fiera técnica de slap). El baterista Mann confiere la solidez y firmeza a unas canciones llenas de pasajes en los que se combinan los ritmos bailables y a la vez irregulares.

En definitiva, CtrS es virtuosismo de altos vuelos, energía, ritmo e imaginación. Como mejor se aprecian las virtudes de la banda es en directo, como en este tema Ninjanuity en el Disc Jam Music Festival de 2014.

Para una vertiente más tranquila, pero igual de imaginativa, podéis ver el vídeo de su tema acústico Brother Nature.

En su canal de YouTube, su perfil en SoundCloud y en su página web podéis escuchar más música de la original y arriesgada propuesta de CtS.

Chris Cornell y el arte de seguir adelante 

La muerte de alguien del mundo del espectáculo siempre es un hecho curioso. Por un lado, miles de personas mueren al día en todo el mundo, algunas de ellas en condiciones horribles, sin que sus nombres ocupen ninguna de las noticias con las que nos alimentamos cada día; por el otro, la muerte de algún “famoso” suele recibir una nada desdeñable atención por los medios, con loas de lo más diversas.

Estas líneas están escritas a cuento de la muerte de un personaje del mundo de la música: el cantante Chris Cornell.

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¿Quién acabó con lo mejor que tenía Internet?

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Los artículos que hablan sobre cómo las nuevas tecnologías están afectando a nuestras vidas (desde cómo funciona nuestro cerebro a cómo funcionan nuestras democracias) son un sub-género en sí mismo. Cada cierto tiempo puede leerse algún artículo que se propone examinar la cuestión. Es el caso de un escrito en la popular plataforma Pijama Surf titulado Por qué Instagram representa la muerte de lo mejor que tenía Internet.

Aunque se publicó en marzo, sólo recientemente lo he visto circular estos días por las redes. Y al hacerlo tenía la sospecha de que no me iba a gustar. Y, efectivamente, no me ha gustado y en esta entrada me gustaría explicar por qué. Va a ser un análisis un poco largo, pero el tema lo vale.

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La filosofía “profunda”, ¿ha de ser oscura y difícil de entender?

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En el mundo de las ideas hay autores cuya dificultad de comprensión es casi mítica. La filosofía parece un campo donde abundan los ejemplos, todos ellos considerados autores de referencia: autores clásicos como Kant, Hegel o Heidegger; modernos como Derrida y Wittgenstein; e incluso contemporáneos como Slavoj Zizek.

La pregunta razonable es entonces si la filosofía es una actividad intrínsecamente difícil y por ello difícil de comprender. El filósofo Keith Frankish opina en un ensayo para Aeon que la dificultad de comprensión no tiene por qué ser connatural a la filosofía, y que si ésta se produce puede que se deba más bien a otro tipo de vicios.

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