Leonard Woolley, y cuando los reyes de Ur se convirtieron en dioses

leonard woolley

El pasado siglo XX vio cómo se producían fabulosos hallazgos arqueológicos. Uno de ellos fue el de las tumbas reales de la ciudad de Ur (actual Irak), en la antigua Mesopotamia. El día 17 de abril se celebra el aniversario del hombre que llevó a cabo la dirección de las excavaciones: Leonard Woolley.

Woolley es considerado como el primer arqueólogo moderno, y sus cuidadosos métodos lo justifican. Llegó a los yacimientos de Ur en 1922, pero no fue hasta la campaña de 1926-1927 cuando comenzó la excavación de lo que se suponía era la necrópolis real. El trabajo de Woolley está explicado a la perfección en el artículo Las tumbas reales de Ur, de National Geographic.

Gracias al trabajo previo a la excavación, Woolley y su equipo contribuyeron a datar los diferentes estratos del yacimiento, algo fundamental si se quiere obtener una fecha aproximada de la antigüedad de los restos que se hallen en ellos.

Woolley halló diferentes reales, dos de ellas identificadas como las tumbas del rey Meskalamdug y de la reina Pu-abum, enterrada en el mismo lugar que su rey consorte (cuya identidad no se pudo confirmar). Ambas estancias estaban plagadas de lujosos objetos, inéditos hasta entonces en otras excavaciones mesopotámicas. Pero quizá el hallazgo que causó más estupefacción fue la multitud de restos humanos, y algunos animales, que se hallaron en las tumbas de Pu-abum y su consorte, unos restos que se han relacionado con sacrificios rituales. Nos dicen en National Geographic:

[…] la excavación de Ur no sólo había sacado a la luz una enorme necrópolis cuajada de objetos preciosos. Los arqueólogos también comprobaron que en las tumbas reales se habían practicado complejos rituales que incluían sacrificios humanos, sesenta y cinco en el caso del rey y veinticinco en el de su esposa, la reina Pu-abum. Durante la campaña de 1927-1928, en la que se descubrieron estas dos tumbas, y durante la siguiente, se excavaron otros enterramientos menores y nuevas tumbas reales. Entre ellas destacó la PG/1237, conocida como la Gran Fosa de la Muerte, pues en ella se hallaron los cuerpos de cinco hombres y sesenta y ocho mujeres.

Es comprensible que tanto la identidad como el tipo de creencias que pudieron haber sido responsables de estos sacrificios hayan sido objeto de largas controversias. Paul Kriwaczek en su obra Babilonia: Mesopotamia, la mitad de la historia humana (de la que ya hablamos en la entrada sobre el origen del velo femenino o hiyab) nos ofrece una interesante especulación al respecto.

Comenta Kriwaczek que el sacrificio masivo encontrado por Woolley (datado en 2600 a.C. o incluso antes) es el único ejemplo de su tipo hallado en Mesopotamia. Por ello, quizá habría marcado un momento de cambio importante para el estatus de los regentes: si hasta entonces eran señores de la guerra (Lugalene), los regentes de Ur remarcaron por medio de un sacrificio en masa su estatus semidivino:

Cuanto menos habituales sean los componentes de un ritual o ceremonia, más memorable será el acontecimiento. Si la experiencia colectiva supone un despliegue imponente de muerte masiva, su impacto, y las creencias que lo expliquen y justifiquen, se convertirán en algo inolvidable. (p. 129)

Kriwaczek toma su argumento de la idea de los “Teatros de la Crueldad” de Bruce Dickson:

“El poder estatal, unido a la autoridad sobrenatural puede crear reinos sagrados o divinos extraordinariamente poderosos”, escribe [Dickson]. “Son obligados a practicar actos de mistificación pública, de los cuales las Tumbas Reales parecen ser ejemplos… Las tumbas mismas son parte de un esfuerzo a cargo de los regentes de Ur por establecer la legitimidad de su gobierno, demostrando su estatus sagrado, divino y extraordinario”. (p. 129)

Así pues, el sacrificio de Ur podría haber representado la evidencia, la prueba del estatus divino de los regentes. Y, por ello, aunque nos parezca difícil de entender, las víctimas quizá accedieron voluntariamente a su sacrificio, algo en lo que Woolley parecía creer. Escribe Kriwaczek:

[…] dado lo que sabemos de la esperanza de vida sumeria […] y las ideas mesopotámicas sobre la vida de ultratumba (los muertos vivían en un submundo oscuro y tétrico con mal asiento y nada decente que comer […]), no debiera extrañarnos encontrar que los miembros de mediana edad de los órdenes más bajos de la sociedad, intercambiaran alegremente su indeseable destino por un futuro mejor a las órdenes de sus superiores en el reino de los dioses. (p. 130)

Es mucha la información adicional que podéis encontrar en Internet sobre el espectacular hallazgo de las tumbas reales de Ur. Podéis, por ejemplo, consultar el recurso multimedia elaborado por el British Museum The Royal Tombs of  Ur, donde se nos explica paso a paso la aventura de Woolley y su equipo, con imágenes y explicaciones complementarias.

También podéis consultar (en inglés) los vídeos Treasures From The Royal Tombs of Ur del Penn Museum y del Sant Louis Art Museum, ambos en YouTube:

Por último, os propongo la lectura de un completo documento: Ur, ciudad de los caldeos. Sir Leonard Woolley en la Residencia de Estudiantes. Escrito por Manuel Molina Martos, investigador del CSIC, fue incluido en la publicación Viajeros por el conocimiento, una publicación de la mítica Residencia de Estudiantes de Madrid.

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El texto nos narra, con bellas fotografías e ilustraciones, el trabajo de Woolley en Ur así como la visita y la ponencia que el arqueólogo realizó en la Residencia.

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