¿Qué es ser “sexista”?

combate el sexismo

En la actualidad existe una cada vez mayor conciencia sobre la necesidad de lograr que en nuestras sociedades se produzca una igualdad efectiva de derechos y oportunidades entre sexos. Aunque se han conseguido logros en las últimas décadas, sin duda queda mucho por hacer.

Esa conciencia cívica, de la mano de diferentes movimientos sociales y figuras públicas, se mantiene alerta ante los indicios de sexismo en nuestra sociedad. Pero, ¿qué es exactamente el “sexismo”?

Puede parecer una pregunta trivial, pero Jonny Anomaly y Brian Boutwell argumentaron el pasado diciembre de 2016 en un artículo para Quillette  que estamos haciendo un uso demasiado amplio del término. Y ello podría llevar a la pérdida de sentido del concepto y en consecuencia a una menor efectividad.

Para Anomaly y Boutwell sin duda hay razones históricas más que sobradas para que estemos en guardia ante los intentos del sexo masculino por dominar y reprimir al femenino. Pero los autores creen que el término sexismo se está aplicando de manera demasiado laxa, y en ocasiones de manera injusta cuando se sugiere que efectivamente existen diferencias entre hombres y mujeres.

Para los autores, el término “sexista” debería reservarse para…

Las personas que tratan a un sexo como superior al otro, o que usan falazmente la información sobre diferencias entre sexos como justificación para tratar a hombres o mujeres individuales como meros miembros de un grupo.

Anomaly y Boutwell rechazan que “sexista” se aplique a algunas observaciones sobre las diferencias entre sexos como por ejemplo: las diferentes tasas de violencia observadas en hombres y mujeres; o ligeras diferencias en cognición y en especial en habilidades e intereses que, tomadas en conjunto, pueden contribuir a explicar diferencias reales entre sexos (como las carreras académicas que hombres y mujeres eligen, el orden de prioridades en que se coloca a la familia o al éxito profesional, e incluso el tipo de literatura y de películas preferidas).

En ese sentido, Anomaly y Boutwell recalcan que el imperativo moral de un trato justo e igualitario para ambos sexos no debería llevar a negar cualquier diferencia que pueda haber entre hombres y mujeres, o a utilizar la acusación de “sexista” a todo aquel investigador que sugiera la existencia de esas diferencias. Una claridad en el uso del término que para los autores es importante:

Si todo el mundo es sexista, entonces nadie lo es. Y para que el progreso moral continúe, necesitamos saber quiénes son realmente los sexistas.

El artículo de Anomaly y Boutwell contiene interesantes argumentos sociológicos y científicos. Para valorarlos en su justa medida, consulta el artículo original (en inglés) en Quillette.

 

Da que pensar: Sin duda que la ciencia, o más bien, algunas malas interpretaciones de la ciencia, se han utilizado para justificar lo injustificable en cuanto a las diferencias de género. Ciertas interpretaciones también han servido de base para libros de “ciencia” popular que muestran una visión sesgada, cuando no directamente absurda, de las diferencias entre hombres y mujeres. Pero, como escriben Anomaly y Boutwell, esto no quiere decir que no haya ninguna diferencia en el comportamiento entre ambos sexos.

El biólogo Jerry Coyne ofrece un ejemplo de estas diferencias en su blog Why evolution is true. Coyne escribe un artículo a cuento de una reseña en el diario The Guardian del libro de Cordelia Fine Testosterone Rex. La entrada de Coyne es de lo más pertinente para el tema de esta entrada, pues Fine es una ferviente detractora de toda afirmación que implique la existencia de diferencias entre hombres y mujeres.

Coyne reconoce que no ha leído el libro de Fine, por lo que su argumento no va en el sentido de criticar su obra tanto como de criticar un párrafo concreto de la reseña de The Guardian, que puede ser adscrito a lo que Fine argumenta en su libro: que no existen diferencias biológicas en el comportamiento sexual.

Según la teoría de la selección sexual, la diferencia en este comportamiento se basa en que para las hembras el producir óvulos es más costoso que para los machos el producir espermatozoides. Además, las hembras son las que suelen soportar el peso del cuidado y la crianza de las crías. Por ello, la teoría predice que las hembras serán más selectivas en cuanto a la reproducción y a la elección de pareja, mientras que se puede esperar que los machos sean más promiscuos y competitivos.

El artículo de Coyne se centra en mostrar algunos datos que apoyan la existencia de una mayor promiscuidad en hombres que en mujeres, datos que sí están bien fundados por la investigación actual. Mencionaré sólo un par:

En primer lugar, tanto en humanos, como en primates y otras especies, los machos tienen una mayor variación en cuanto éxito reproductivo que las hembras. Para Coyne “sería extraordinario si ello sólo fuera una coincidencia basada en el “condicionamiento social” en humanos, pero el producto de la evolución en todas las demás especies que no tiene condicionamiento social”.

En segundo lugar, en las especies en las que el macho invierte más en la reproducción que las hembras se observa un patrón inverso al habitual: los machos son más selectivos mientras que las hembras son más promiscuas. Comenta Coyne: “De hecho, en estos grupos son las hembras las que tienen colores más vivos y ornamentos mientras que los machos son de colores más apagados: lo opuesto a la situación normal, pero justo lo que predice la teoría de la selección sexual”

Coyne deja bien claro en su artículo que para él defender la teoría de la selección sexual no tiene nada que ver con defender la idea de que las mujeres son monógamas y domésticas, al contrario de los hombres. Defender la igualdad de derechos y de oportunidades entre hombres y mujeres no debería implicar el negar los estudios científicos sobre la diferencia entre sexos, siempre que estos sean serios y estén fundamentados en otras evidencias previas. Escribe Coyne:

Como he dicho, no he leído el último libro de Fine; estoy reaccionando contra un par de párrafos de la reseña de The Guardian – párrafos que implican […] que la selección sexual no existe: todo sería producto del condicionamiento social y del Patriarcado. Pero hay demasiados hechos biológicos (aducidos por primera vez por Darwin) que apoyan [la selección sexual], por no hablar del número de animales que no tienen un “patriarcado” que muestra una fuerte evidencia por la selección sexual y por el comportamiento sexual que se parece al de los humanos.

 

Imagen de Didier Castañeda con licencia Creative Commons Atribución – Sin derivados

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4 comentarios en “¿Qué es ser “sexista”?

  1. Entiendo que esa definición se podría trasladar también al racismo o al especismo. En el caso del especismo sería pues: “tratar a una especie como superior a otra y usar falazmente la información sobre diferencias entre especies como justificación para tratar a los animales individuales —incluyendo a los humanos— como meros miembros de un grupo.”

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    1. Parece razonable pensar que, como dices, esa definición se pueda aplicar a los casos que comentas. Gracias por tu comentario, y siento mucho el retraso en responder. Saludos.

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      1. Gracias por tu respuesta.

        Si me lo permites, me gustaría añadir que yo pienso que tal vez sería preferible no etiquetar a las personas con adjetivos salvo que estuviera realmente justificado. Etiquetar a alguien como “sexista” parece dar a entender que el sexismo es parte inherente de su personalidad pero yo creo que no es así. Creo que el sexismo es una forma de pensar, una mentalidad, que se puede cambiar mediante la educación. Alguien que profesara demostradamente el sexismo podría ser calificado como “sexista”, pero entiendo que etiquetar a las personas no es el objetivo sino que el verdadero objetivo a mi modo de ver, es concienciar a las personas. Así que “identificar a los sexistas” no me parece un propósito razonable sino que el propósito más adecuado, desde un punto de vista educativo, debería ser identificar ideas o conductas sexistas, y explicar por qué son erróneas y cómo cambiarlas por otras no sexistas.

        Se podría decir que el sexismo permea toda nuestra cultura, así que todos seríamos sexistas en algún grado, aunque fuera de manera incosciente —incluyendo a aquellos que pretenden denunicar el sexismo— pero podemos rectificar este prejuicio tomando consciencia de ello. Creo que si no lo enfocamos de esta manera, podría suceder que quienes dicen oponerse y combatir el sexismo acabarían incurriendo en posturas y conductas sexistas. De hecho, pienso que esto es lo que ha ocurrido en parte del ámbito del feminismo. Quienes se oponen al machismo acaban incurriendo en posiciones sexistas al no vigilar su propia tendencia al sexismo —ya se trate de un sexismo motivado en parte por la biología, la evolución o la cultura— y creer que el único sexismo posible es el machismo, cuando en realidad el machismo sería sólo una forma determinada de sexismo.

        Un saludo.

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      2. Muy pertinente el matiz que introduces. Estoy de acuerdo en que no deberíamos utilizar un calificativo que describe una conducta determinada como una descripción que resuma la personalidad de alguien. Aunque a veces las generalizaciones son una especie de atajo que nos permite condensar información, es cierto que si se cosifican y se toman al pie de la letra pueden ser injustas y contraproducentes. Una estrategia que apueste por la identificación de conductas concretas y por la educación como medio para poder cambiarlas parece lo más razonable.

        Creo que lo que comentas en el segundo párrafo está relacionado con la idea de identificar las conductas concretas. Aunque hay acuerdo justificado en que ciertas conductas son sexistas y reprobables, otras están en una especie de proceso de reevaluación social, y por ello como bien dices algunas denuncias de sexismo paradójicamente pueden acabar incurriendo en sexismo. De momento, creo que no es de esperar que haya un acuerdo claro en la redefinición de ciertos comportamientos como sexistas o como no-sexistas, por lo que parece de esperar que sigamos viendo cierta incongruencia en las denuncias sobre el sexismo. Lo que sí desearía es que esas controversias se mantuvieran lo más posible dentro de un cauce razonable, razonado y respetuoso.

        Gracias de nuevo por tu comentario, y siento el nuevo retraso en contestar. Un saludo.

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