Los límites del pensamiento crítico y el poder de la comunicación

Parece que el pensaminto crítico se está asumiendo como una necesidad de primer orden para los individuos en nuestras sociedades. La tendencia viene de una cierta inercia de los pasados años, pero se ha acentuado con fenómenos como las fake news (o noticias falsas).

Esa necesidad sentida es algo a celebrar, sin duda. Pero por desgracia quizá incluso el pensamiento crítico se nos quede corto a la hora de combatir la irracionalidad.

Eso es lo que daba a entender un  artículo del día 21 de febrero en el blog Magonia, con el título Engañarnos es muy fácil

Magonia es uno de los sitios web más populares en cuanto al fomento del escepticismo y del pensamiento crítico, así como en el combate contra el mundo de las pseudociencias. En el artículo se recogen declaraciones de cuatro distinguidos escépticos y defensores del pensamiento crítico sobre un tema importante: ¿el fomento del pensamiento crítico es una cuestión de maś educación?

En general, podemos decir que aunque los entrevistados apuesten por una mayor difusión del pensamiento crítico en el sistema educativo, también son conscientes de los límites de éste. Y ello en base a la peculiar manera en que trabaja nuestra mente.

Y es que el poseer un buen nivel educativo no es incompatible con tener creencias irracionales, supersticiosas o poco fundadas. Por ejemplo: el rechazo hacia la efectividad de las vacunas está bien presente en capas de la sociedad con estudios superiores, a pesar de la información disponible sobre el tema.

Parece, pues, que hay cuestiones en las que nunca podremos ponernos de acuerdo a pesar del dicho que sostiene que “hablando se entiende la gente”. Quizá las cosas en las que creemos, aquellas que son importantes para nuestra identidad, estén enrraizadas en algo más que en un razonamiento lógico (incluso es posible que la opción política tenga una base genética).

En ese sentido la educación, aliada del pensamiento crítico, también contaría con un poder limitado. Para mucha gente uno de los presupuestos básicos de la educación es que con la instrucción adecuada y con que sólo nos lo propongamos podemos erradicar las injusticias y los prejuicios. Quizá porque se sigue creyendo, como escribió en su día el psicólogo Steven Pinker, que el ser humano es una tabla rasa, que no tenemos una naturaleza determinada y que mediante la educación podemos escribir en la pizarra de la mente aquello que queramos. Pero no es cierto, como un importante y creciente cuerpo de estudios en psicología conductual y en psicología evolucionista se encarga de recordarnos casi cada semana.

No seamos cínicos: sin duda que la educación ha tenido un papel fundamental en la erradicación de injusticias y de atropellos de todo tipo en los siglos pasados. Pero sigue siendo cierto que algunas cuestiones se resisten a darse por vencidas y ello a pesar, como apuntaba más arriba, de la abundante información disponible que rechaza o niega algunas creencias muy difundidas en nuestras sociedades, como por ejemplo: que la evolución “sólo es una teoría”; que existe algo llamado “medicina alternativa”; que las vacunas causan autismo; que el cáncer tiene orígenes emocionales; que la orientación sexual es únicamente producto de una elección; o que la genética no determina en modo alguno nuestro modo de ser.

Y ello por no hablar de las acontecimientos políticos que estamos viviendo, como el triunfo de un misógino, racista e ingnorante politico como Donald Trump, o el auge de la extrema derecha en Europa: ¿no se suponía que los seres humanos aprendíamos de las lecciones del pasado?

A pesar de este panorama más bien sombrío, no todo está perdido. En el artículo de Magonia hay una idea del filósofo Gregorio Luri que merece ser destacada. Dados los límites del pensamiento crítico y de lo psicológicamente costoso que sería vivir observando en todo momento sus principios, Luri cree que una alternativa más razonable sería “vivir con sentido común”:

[…] vivir en una comunidad con sentido común, que, como decía Aristóteles, básicamente se educa mostrando ejemplos de gente con sentido común. Hoy, sin embargo, predominan los de éxito fácil, de famoseo… Ahí hay un riesgo.

No parece que los modelos de éxito fácil vayan a desaparecer, pero sí que parece cierto que la visibilidad de esos ejemplos de sentido común pueden ser un arma valiosa en la lucha contra la irracionalidad.

Algo parecido sostenía el médico Vicente Baos en una entrevista en Agencia Sinc. Baos es preguntado por el problema de la difusión de la pseudociencia, y si esa difusión es un problema de falta de educación. El médico lo tiene claro:

Educación no es. Incluso creo que la gente con menos educación formal es más cauta y menos creyente. A veces se da un fenómeno contrario: a mayor nivel de formación, más crédulos son en esto. De hecho, gente muy preparada cree en la homeopatía. ¿Falta cultura científica? Mucha. ¿Esto solo se arregla dando más cultura científica? No. Alrededor de la intuición, la sensación, la creencia es donde se alimenta el pensamiento mágico, muy presente a lo largo de la historia de la humanidad. Ese es el terreno abonado para las pseudoterapias, el pensamiento de que ‘yo creo en ello y a mí además me va bien’.

Pero entonces, ¿cómo luchar contra la pseudociencia? Baos sostiene:

El desprestigio social es lo que funciona. Convencer a un homeópata de que lo suyo no es nada resulta imposible porque es una creencia arraigada y la gente tiende a evitar las disonancias cognitivas, es decir, a rechazar lo que va en contra de sus creencias más profundas. Un ejemplo serían las famosas pulseritas Power Balance, la gente que las usaba empezó a no hacerlo cuando se creó la sensación de que era un poco ridículo. La inmensa mayoría de la gente lo abandonó, independientemente de si antes creía que hacía algo o no. Pero si el pensamiento social es crítico, algo se abandona y se olvida. Aunque habrá otra cosa que salga, eso es inevitable.

Ambas posturas, la de Luri y la de Baos, y seguramente la de muchos otros escépticos, parecen confluir en algo que el sociólogo Manuel Castells había apuntado en su obra Comunicación y poder: la batalla por el poder en la era moderna se libra en las redes de comunicación, en particular en Internet, en un intento de moldear la opinión pública de diversas maneras o de difundir ideas e ideologías particulares. Por ello, “quien gana la batalla de las mentes, gana la batalla del poder”.

En una entrevista de 2015, Castells fue preguntado por el presunto fracaso de las llamadas primaveras árabes. Vale la pena recoger tanto la pregunta como la respuesta del sociólogo:

Pregunta: Hay gente que cree que las primaveras árabes han fracasado, y así se lo han preguntado más de una vez. Usted defiende lo contrario. Lo mismo cree Sheika Moza, la ex primera dama de Qatar y presidenta de la Fundación Qatar. Sostiene que la revolución de las primaveras árabes no ha concluido todavía porque lo que sucedió aún está en la mente y los corazones de la gente.
Respuesta: Estoy de acuerdo. Las revoluciones de verdad son un largo proceso, recordemos las revoluciones europeas del siglo XIX. Esto es un proceso que se ha iniciado y que sigue, que no sabemos adónde va. No se ha parado. Está en la mente y en los corazones de las personas. Lo mismo pasó en Estados Unidos. No se acabó Occupy, se acabó sólo como forma de ocupación porque las ocupaciones físicas del espacio tienen un límite. En el caso concreto de Estados Unidos tuvieron el límite del tiempo, de las tempestades de nieve y de hielo. Las últimas ocupaciones se pararon a mediados de diciembre porque la gente estaba congelada. Empíricamente, todas las revueltas del 2014 y el 2015, de Ferguson a Nueva York y Baltimore, contra los abusos de la policía, la campaña “las vidas negras también valen”, son los mismos activistas los que las han organizado y salido a la calle en contacto con movimientos negros y blancos. Esto es Occupy Wall Street de otra manera.

Aun a pesar de las idas y venidas, de las supersticiones y las creencias erróneas que parecen resistirse a desaparecer, en la era de la hiperconexión, del poder de las redes, parece más necesario que nunca apostar por la comunicación, tal y como hacen las múltiples plataformas escépticas y de difusión de la ciencia y de la racionalidad.

Puede que el pensamiento crítico tenga límites, pero la batalla sigue teniendo lugar en la mente de las personas.

 

 

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2 comentarios en “Los límites del pensamiento crítico y el poder de la comunicación

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