El mito de los estilos de aprendizaje

learning

El mundo de la educación lleva ya varios años sacudido por diferentes corrientes que dicen suponer una alternativa al modelo clásico. Una de esas corrientes es la que supone que aprendemos mejor cuando la enseñanza está basada en nuestro “estilo de aprendizaje” (“learning style”) preferido.

No obstante, parece ser que los estudios que se han llevado a cabo analizando la veracidad de la idea de los estilos de aprendizaje han tenido resultados negativos. Entonces, ¿por qué es una idea tan popular entre profesores y alumnos? Christian Jarrett, en BPS Research Digest, nos reseña un estudio que podría apuntar a la respuesta.

El trabajo fue llevado a cabo por Abby Knoll y su equipo en la Central Michigan Unviersity, utilizando a 52 chicas. Se les pidió a las estudiantes que describieran cuál, según ellas, era su estilo de aprendizaje preferido, si bien la palabra escrita o las imágenes. A continuación, se les presentaron parejas de o bien palabras o bien imágenes, con la intención de llevar a cabo una tarea de memoria. Durante esta fase, se presentó a las estudiantes un par de la pareja y se pidió a las estudiantes que evaluaran con cuánta seguridad suponían que podrían recordar el otro miembro de la pareja. En ocasiones, se les pidió que evaluaran su confianza inmediatamente después de observar algunas parejas; en otras, se pidió la evaluación pasadas varias parejas de items.

Un tiempo después, los investigadores evaluaron el desempeño real de las estudiantes a la hora de recordar parejas. Lo que hallaron fue que el que las estudiantes habían declarado como su estilo de aprendizaje preferido no tenía ninguna relación con cómo de bien eran capaces de recordar. De hecho, las estudiantes recordaban mejor las parejas basadas en imágenes que en texto, independientemente de cuál fuera su estilo de aprendizaje favorito. Pero el factor crucial, según Jarrett, es que…

[…] a pesar de no haber ninguna relación entre el estilo de aprendizaje y el desempeño objetivo, las participantes expresaron más confianza en el aprendizaje de aquellas parejas de objetos que se ajustaban a su modalidad preferida. Esto fue cierto cuando se les preguntó inmediatamente después de ver un par, pero no cuando se les preguntó después de un tiempo o cuando se les pidió que hicieran un juicio global.

Lee la reseña original (en inglés) de Christian Jarrett en BPS Reseach Digest para saber más sobre la metodología, las conclusiones y las limitaciones del estudio.

 

Da que pensar: En su reseña, Jarrett enlaza un artículo escrito por él mismo para Wired titulado All You Need to Know About the ‘Learning Styles’ Myth, in Two Minutes  (Todo lo que necesitas saber sobre el mito de los “estilos de aprendizaje”, en dos minutos). Vale la pena que mencionemos algunos de sus puntos más interesantes.

Comenta Jarrett que la “evidencia” que se ha presentado en apoyo de los estilos de aprendizaje es débil. Una evidencia sólida debería mostrar, por ejemplo, que diferentes un grupo de personas pueden aprender mejor un material cuando se les presenta en su estilo favorito, mientras que otro grupo puede aprender mejor el mismo material según su propio estilo preferido. Pero no es esto lo que se ha hallado, al contrario:

Lo que sucede es que ambos grupos tiene más éxito cuando se les enseña en un estilo concreto. Esto tiene sentido, porque aunque cada uno de nosotros es único, a menudo la manera más efectiva para aprender se basa no en nuestras preferencias individuales sino en la naturaleza del material que se nos enseña – para comprobarlo, intenta aprender gramática francesa utilizando imágenes, o geometria sólo verbalmente.

Según Jarrett la falta de evidencia sobre los estilos de aprendizaje no implica que no haya margen de mejora en los métodos de enseñanza para mejorar el aprendizaje. Pero la idea de los estilos de aprendizaje no sólo es errónea, sino que además podría ser perjudicial al menos por dos motivos: en primer lugar, porque se pone demasiado énfasis en que los alumnos refuercen sus puntos fuertes obviando sus debilidades, cuando lo más sensato quizá sería enseñarles a corregir y compensar éstas últimas, no a evitarlas; en segundo lugar, porque hay toda una industria basada en la idea de los estilos de aprendizaje, que incluye desde cuestionarios hasta métodos de instrucción, una inversión económica que muchos maestros podrían evitar si conocieran la falta de evidencia en favor de los estilos de aprendizaje.

Lee el artículo original de Jarrett en Wired para conocer más argumentos sobre la falta de solidez y los motivos que perpetúan el mito de los estilos de aprendizaje. Para acabar este post, también puedes consultar esta infografía recogida en Educators Technology y elaborada por elearning infographics:

the-myth-of-learning-styles-infographic-620x2543-1

 

Imagen de cabecera via Blackboard

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s