Cómo los medios de comunicación distorsionaron las guerras de Yugoslavia

Para aquellos que nos acercamos raudos a los cuarenta de edad, a través de la televisión se coló en nuestra infancia un desgraciado acontecimiento en el corazón de Europa: las guerras que sacudieron y desmembraron a la antigua Yugoslavia.

En el imaginario popular han quedado brutales imágenes de genocidio, de fosas comunes, de asesinatos y violaciones entre los que una vez fueron pacíficos vecinos o conciudadanos, de violencia étnica y religiosa. Todo ello tal y como si los pueblos en conflicto (serbios, croatas, bosnios, eslovenos) estuvieran predestinados a una espiral de muerte y violencia, producto de odios ancestrales.

Por supuesto que existían tensiones, agravios, historias y leyendas de violencia en un área de Europa sometida constantemente por potencias invasoras. Pero a pesar de esa imagen pública de una propensión casi innata al odio y la violencia, nada en las relaciones entre esos pueblos en las décadas anteriores a la barbarie cabía hacer esperar los sucesos que acaecieron en la década de 1990.

No son pocas las obras que han probado de desentrañar para el público general lo que parece un misterio: cómo pueblos que consiguieron convivir pacíficamente durante décadas acabaron matándose, temiéndose y odiándose con tanta saña. Una de las últimas en hacerlo es Y llegó la barbarie, de José Ángel Ruiz Jiménez.

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