La utilidad de los microcréditos, de nuevo bajo sospecha

15575-microloans_news

En el año 2006 a Muhammad Yunus se le concedió el premio Nobel de la Paz por una iniciativa que se presentaba como un arma para la lucha contra la pobreza y a favor de la independencia de la mujer en el Tercer Mundo: los microcréditos.

Desde entonces mucho se ha hablado sobre los microcréditos, un sistema cuyo funcionamiento es sencillo: prestamistas conceden pequeños créditos a personas sin recursos, en ocasiones a grupos de ellas, para que puedan emprender pequeños negocios. El préstamo colectivo haría que la presión grupal sobre los individuos receptores favoreciera la devolución de los préstamos, los intereses de los cuales se comienzan a devolver pocos días después de la concesión.

En principio los microcréditos se presentaban como una buena idea, pues parecía ser el único medio por el cual los pobres podían acceder a créditos bancarios. Un acceso del que se beneficiarían muy especialmente las mujeres, las grandes damnificadas de la pobreza y la exclusión social en el Tercer Mundo.

A pesar de lo atractivo de la idea, las preguntas clave son: ¿funcionan realmente los microcréditos?; ¿ayudan a que los pobres tengan una oportunidad de salir de la pobreza gracias al emprendimiento empresarial?; ¿ayudan a las mujeres a tener una oportunidad de escapar de la marginalidad?

Parece ser que la respuesta a todas esas preguntas es: no. Si acaso, un no matizado. Así lo muestra un artículo de Nurith Aizenman del excelente blog Goats and Soda, de npr.

Aizenman comenta los últimos trabajos destacables de revisión de la eficacia de los microcréditos, llevados a cabo en 2015. Los estudios utilizaron grupos control de personas que no habían recibido microcréditos con grupos que sí los habían recibido, para comprobar si en efecto se producía algún incremento en los ingresos de las personas receptoras del crédito con respecto al grupo control. El ámbito geográfico es amplio, abarcando países como India, México o Mongolia.

Los resultados de dichos estudios muestran que la expansión de negocio atribuible a los microcréditos es modesta, y raramente suele traducirse en un incremento de las ganancias. Además, en promedio los receptores de los microcréditos no incrementan sus ganancias de manera significativa respecto al grupo control.

Parece ser, pues, que los microcréditos no cumplen su propósito original pero eso no implica que sean del todo inútiles. Aizenman menciona que hay analistas, como Simone Schaner, que no han detectado que el endeudamiento conduzca a las personas receptoras a unos mayores niveles de pobreza; además, los microcréditos suelen ser usados para otros fines diferentes a los que establece el préstamo (la creación y ampliación de un negocio) pero igual o más importantes, como la compra de una nevera o un techo nuevo, o para amortiguar los efectos de algún otro problema financiero.

Aizenman acaba su artículo con unas frases significativas de Schaner:

Las microfinanzas son víctimas de una desafortunada tendencia en la ayuda al desarrollo, que es que todo el mundo quiere encontrar una solución mágica para mejorar la pobreza. Y el hecho es que la pobreza es un problema masivo, e increíblemente difícil. No hay soluciones milagro.

Consulta el artículo original (en inglés) de Aizenman para Goats and Soda para acceder a los enlaces de los estudios citados, así como para saber más sobre las probables causas por las que los microcréditos no cumplen su propósito original.

 

Da que pensar: El artículo de Aizenman tienen el valor de presentar el estado actual de la cuestión de la efectividad de los microcréditos. No obstante, a pesar de su buena reputación e imagen pública, los microcréditos llevan tiempo en el punto de mira. Como muestra, podéis ver el documental danés de 2011 The Micro Debt, emitido en su día por Televisión Española:

Además, podéis consultar un par de artículos que resumían la problemática en el momento de ser escritos. En primer lugar Microcréditos a examen en el diario El Pulso, escrito por Raúl Barrantes en 2011. Unas líneas del texto:

En el fondo, el microcrédito descansa sobre una idea cuestionable: el reparto de la riqueza a través de la deuda. Lo que fácilmente se traduce en la falacia de que la deuda es sinónimo de riqueza. Una peligrosa ecuación cuyos resultados podemos ver cada día en las noticias. Si el problema reside en la misma esencia del microcrédito, o en los posibles abusos que pueden estar cometiéndose en su nombre, es una duda razonable que tendremos que ir resolviendo sin sucumbir a la moda y al placebo acrítico de la solidaridad.

En segundo lugar, el artículo de 2014 Microcréditos, bajo sospecha escrito por David Pérez en El Confidencial. Del texto de Pérez:

A pesar de la buena prensa que en Occidente han recibido los microcréditos, cuyo modelo ha sido replicado por ecosistemas de emprendedores como el español, las comunidades del tercer mundo que acceden a esta herramienta de financiación están teniendo serios problemas para devolverlos, llegando a producir dramáticas olas de suicidio como la ocurrida en el estado indio de Andhra Pradesh, bastión de esta tendencia, a causa de la presión de los prestamistas.

Seguro que no todo el mundo estará de acuerdo con las críticas que los microcréditos llevan años recibiendo. Pero vale la pena tener éstas en cuenta para evaluar la importancia global del fenómeno.

Imagen via Stanford News

*La cita de la entrada es una traducción propia del original inglés

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s