Los niños de 2 años muestran placer ante el mal ajeno

schadenfreude

Los humanos poseemos complejas emociones morales. Si bien somos capaces de sentir empatía, de compadecernos por el sufrimiento de los otros, también es cierto que podemos llegar a sentir placer e incluso alegría ante el sufrimiento ajeno. Hay un término para ese placer ante el mal de los otros: schadenfreude.

El schadenfreude no es algo que muestren sólo los adultos. De hecho, al menos dos estudios en tiempos recientes han mostrado que la capacidad de alegrarse por el sufrimiento ajeno está presente en los niños de incluso 2 años.

El primer estudio se llevó a cabo en 2013, y podéis leer una reseña completa en el blog BPS Research Digest. En él se mostró a 100 niños de entre cuatro y ocho años unas historias portagonizadas por personajes que se comportaban bien o mal, y a los que les sucedía un contratiempo (caerse de un árbol y lastimarse).

Los investigadores hallaron muestras de schadenfreude en los niños de todas las edades, si bien un efecto débil (2.37 en una escala de 8), y el sentimiento era más pronunciado cuando el personaje de la historia tenía un mal comportamiento. Los niños a partir de 7 años mostraron un sentimiento más fuerte, y además decían estar menos inclinados a ayudar a este tipo de personajes.

El segundo estudio se publicó en 2014, y fue reseñado por Discover Magazine. Los investigadores mostraron a los niños unas viñetas en las que se mostraban dos situaciones: una madre leyendo a solas un libro; o una madre leyéndole un libro a un amigo de su hijo. En ambas viñetas la madre derramaba accidentalmente un vaso de agua sobre el libro. Al observar las emociones y expresiones de los niños, los investigadores comprobaron que los niños sentían más schadenfreude al contemplar la viñeta de la lectura compartida. Y ello a una edad tan temprana como los dos años.

Lee las reseñas en BPS Research Digest y Discover Magazine para conecer más detalles de los métodos y las conclusiones de los estudios.

 

Da que pensar: En el estudio de 2014 los investigadores señalaban que sus resultados podían dar una pista sobre el origen evolutivo del sentimiento de schadenfreude. En concreto, mencionaban que el hecho de que los niños experimentaran más placer con respecto a la viñeta de lectura compartida podía indicar la aversión a un trato percibido como injusto, por lo que la schadenfreude podría haber evolucionado como respuesta a un sentido de la injusticia.

Es esa mezcla peculiar de respuestas ante la percepción de determinadas situaciones lo que hace que el comportamiento moral humano sea tan fascinante, y a la vez tan complejo e ingobernable. Steven Pinker, en su obra La tabla rasa, recogía un cita de Matt Ridley sobre el sentimiento de reciprocidad que, por extensión, resume esa complejidad moral de forma certera:

La reciprocidad pende, como una espada de Damocles, sobre la cabeza de todo ser humano. Me invita a su fiesta, por tanto haré una buena reseña de su libro. Han venido a cenar a casa dos veces y no nos han invitado a la suya ni una sola vez. Después de todo lo que hice por él, ¿cómo me puede haber hecho esto? Si haces esto por mí, te prometo que te lo recompensaré más adelante. ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Me lo debes. Obligación, deuda, favor, trato, intercambio, acuerdo… Nuestra lengua y nuestra vida están impregnadas de ideas de reciprocidad.

 

 

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