¿Quién es responsable de la desinformación?: ¡eres tú, joder!

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Entre mis lecturas favoritas de estas últimas semanas se encuentra 33 revoluciones por minuto de Dorian Lynskey. El libro de Lynskey es una informadísima obra sobre el desarrollo de la canción protesta a partir de la década de 1930. Centrada en el ámbito anglosajón (excepto tres capítulos), la obra no es sólo un libro de música: también es en buena medida un repaso a las convulsiones recientes de nuestro mundo occidental, y cómo esas convulsiones fueron interpretadas, analizadas y digeridas por músicos de diversos estilos en un esfuerzo de darles sentido y de combatirlas.

Con su extensión y el buen hacer de Lynskey, la obra tiene momentos memorables. Uno de los que más me llamó la atención fue el capítulo dedicado a la banda galesa Manic Street Preachers y a su canción Of walking abortion, escrita por el desaparecido Richey James Edwards e incluida en el álbum de 1994 The Holy Bible.

Para Lynskey, la canción de los Manic es destacable porque parece invertir la lógica de lo que se suele considerar canción protesta:

El principio subyacente de prácticamente todas las canciones protesta es que la gente es esencialmente buena y sólo necesita que la liberen de unos pocos individuos malvados. Sin embargo, On Walking Abortion sostiene que la gente es débil y egoísta y que es ella la que crea estos monstruos […] (p. 738)

Comenta Lynskey que el “asco moral” que impregna todo el disco se fraguó en una visita de la banda a los campos de concentración alemanes de Dachau y Bergen-Belsen. Lynskey recoge las declaraciones de otro de los miembros de la banda, Nicky Wire:

Existe una filosofía dominante detrás del álbum entero: el mal es una parte esencial de la condición humana y el único modo de superarlo consiste en reconocer todas las hipocresías, todos los males, reconocerlos en nosotros, lo cual, me parece, no es una visión muy progresista. (p. 736)

Lynskey tiene razón al afirmar que toda la rabia y la denuncia de On Walking Abortion, y del disco en general, se condensa en las frases finales de la canción, aulladas por el cantante James Dean Bradfield:

Who is responsible? You fucking are! [¿Quién es el responsable? ¡Eres tú, joder!]

Las reflexiones en torno a On Walking Abortion y esas tremendas frases finales resuenan en mi memoria con fuerza estos días a cuento de la polémica de las noticias falsas en Facebook.

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¿Leer unas pocas páginas de literatura de ficción aumenta la empatía?: parece que no

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Desde hace un tiempo parece que no faltan los estudios que dicen haber hallado una relación entre la lectura de ficción y el desarrollo de la empatía: en concreto, según dichos estudios la lectura de narrativa de ficción ayuda a mejorar nuestra capacidad de identificar las emociones de los otros.

Uno de esos estudios fue publicado por los investigadores Emanuele Castano y David Kidd en 2013. Según Castano y Kidd, los resultados de su trabajo mostraban que incluso leer unas pocas páginas de literatura de ficción de autores considerados clásicos (como Anton Chekhov y Don DeLillo) contribuía a mejorar la identificación de las emociones ajenas en diversos test estándar. (Lee una reseña del estudio en PlayGround)

Posteriormente Castano y Kidd también han afirmado haber repetido su trabajo inicial obteniendo los mismos resultados. Pero otros equipos de investigación no lo tienen tan claro.

De hecho, Alex Fradera escribe en BPS Research Digest que tres equipos de investigación independientes no han tenido éxito a la hora de reproducir los resultados de Castano y Kidd. Seguir leyendo

Antoni Gaudí y la sumisión de la religión al arte

Muchos son los arquitectos que han legado obras inmortales a la posteridad, pero pocos han alcanzado el estatus de superestrella de la cultura popular como Antoni Gaudí. El catalán es para muchos una figura imprescindible no sólo en el ámbito de la arquitectura, sino en el del arte en general. Representado hasta la saciedad como un genio visionario, sus grandes obras como la Sagrada Familia o El Parque Güell atraen cada año a miles de personas de todo el globo.

Los pensamientos y reflexiones de Gaudí fueron recogidos a lo largo de los años posteriores a su muerte por discípulos, estudiosos y conocidos del arquitecto, aunque no siempre con la fiabilidad y el rigor deseado. En parte para remediar esta situación, en 2002 (el Año Internacional Gaudí) la editorial Acantilado publicó la obra editada por Laura Mercader Antoni Gaudí: escritos y documentos.


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“Nueva economía”, viejos prejuicios raciales

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Determinadas compañías tecnológicas están llevando a cabo lo que ya se considera una revolución en la economía: la economía colaborativa. Basada en el compartir servicios más que en adquirir bienes, compañias como Uber, Lyft o AirBnB están atrayendo mucha atención, no sólo por sus innovadores modelos de gestión, sino por sus agresivas tácticas empresariales y por los posibles efectos sociales y económicos de sus prácticas.

La atención que reciben dichas empresas en ocasiones se concreta en estudios muy específicos que muestran su lado más sombrío. Es el caso de un trabajo reseñado por Gene Demby para npr, en el que se muestra los prejuicios raciales que se dan en las aplicaciones de transporte colaborativo. Seguir leyendo

La utilidad de los microcréditos, de nuevo bajo sospecha

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En el año 2006 a Muhammad Yunus se le concedió el premio Nobel de la Paz por una iniciativa que se presentaba como un arma para la lucha contra la pobreza y a favor de la independencia de la mujer en el Tercer Mundo: los microcréditos.

Desde entonces mucho se ha hablado sobre los microcréditos, un sistema cuyo funcionamiento es sencillo: prestamistas conceden pequeños créditos a personas sin recursos, en ocasiones a grupos de ellas, para que puedan emprender pequeños negocios. El préstamo colectivo haría que la presión grupal sobre los individuos receptores favoreciera la devolución de los préstamos, los intereses de los cuales se comienzan a devolver pocos días después de la concesión.

En principio los microcréditos se presentaban como una buena idea, pues parecía ser el único medio por el cual los pobres podían acceder a créditos bancarios. Un acceso del que se beneficiarían muy especialmente las mujeres, las grandes damnificadas de la pobreza y la exclusión social en el Tercer Mundo.

A pesar de lo atractivo de la idea, las preguntas clave son: ¿funcionan realmente los microcréditos?; ¿ayudan a que los pobres tengan una oportunidad de salir de la pobreza gracias al emprendimiento empresarial?; ¿ayudan a las mujeres a tener una oportunidad de escapar de la marginalidad?

Parece ser que la respuesta a todas esas preguntas es: no. Si acaso, un no matizado. Así lo muestra un artículo de Nurith Aizenman del excelente blog Goats and Soda, de npr. Seguir leyendo

Hay un prejuicio de género en cómo percibimos el genio creativo

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Parece que la conciencia sobre las cuestiones relativas a la discriminación contra la mujer ha ganado impulso en nuestras sociedades: reivindicaciones salariales, de conciliación de vida familiar y laboral, de una mayor equidad en la vida social y privada, protestas por la poca presencia de mujeres en diversos ámbitos de la vida pública,…

Dichos fenómenos son una buena noticia, pero como se suele decir en estos casos aún queda mucho por hacer. Buena parte de esa tarea pendiente pasa por combatir determinadas concepciones o prejuicios que forman parte de nuestro día a día y que manejamos de manera inconsciente.

Un estudio de octubre de 2016, reseñado brevemente por Joanna Klein en el New York Times y de manera más extensa por Alasdair Wilkins en Vocativ, muestra uno de esos prejuicios latentes en lo referente a nuestra valoración del genio creativo. Seguir leyendo

Los niños de 2 años muestran placer ante el mal ajeno

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Los humanos poseemos complejas emociones morales. Si bien somos capaces de sentir empatía, de compadecernos por el sufrimiento de los otros, también es cierto que podemos llegar a sentir placer e incluso alegría ante el sufrimiento ajeno. Hay un término para ese placer ante el mal de los otros: schadenfreude.

El schadenfreude no es algo que muestren sólo los adultos. De hecho, al menos dos estudios en tiempos recientes han mostrado que la capacidad de alegrarse por el sufrimiento ajeno está presente en los niños de incluso 2 años. Seguir leyendo