El triunfo de los mercados sobre los gobiernos, o la autoaniquilación de los estados

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[…] la economía global se constituyó políticamente. La reestructuración de las empresas y las nuevas tecnologías de la información, aunque están en el origen de las tendencias de globalización, no habrían podido desarrollar por sí mismas una economía global interconectada sin políticas de desregulación, privatización y liberalización del comercio y la inversión. Estas políticas fueron decididas e impuestas por gobiernos de todo el mundo y por las instituciones económicas internacionales. Se requiere una perspectiva de política económica para entender el triunfo de los mercados sobre los gobiernos: los propios gobiernos buscaron semejante victoria en un histórico proceso de autoaniquilación. Lo hicieron para preservar o potenciar los intereses de sus estados en el contexto de la emergencia de una nueva economía y en el nuevo entorno ideológico que resultó del colapso del estatismo, la crisis del Estado de bienestar y las contradicciones del Estado desarrollista. Al actuar resueltamente a favor de la globalización (algunas veces esperando que tuviera un rostro humano), los líderes políticos también perseguían sus propios intereses políticos y, muchas veces, sus intereses personales, con diversos grados de decencia.

Sin embargo, el hecho de que la economía global fuera inducida políticamente desde el principio no significa que pueda deshacerse políticamente en sus aspectos principales. Al menos, no con esa facilidad. Eso es así porque la economía global es ahora una red de segmentos interconectados de economías que desempeñan conjuntamente un papel decisivo en la economía de cada país y de muchas personas. Una vez que se constituye una red de este tipo, cualquier nodo que se desconecte simplemente es ignorado, y los recursos (capital, información, tecnología, bienes, servicios, trabajo cualificado) siguen fluyendo en el resto de la red. Cualquier desvinculación individual de la economía global implica un coste abrumador: la devastación de la economía a corto plazo y el cierre del acceso a las fuentes del crecimiento. (pp. 184 – 185)

El sociólogo Manuel Castells ganó un amplio reconocimiento gracias a su trilogía sobre la entonces naciente sociedad de la información. Castells quizá fue el primer estudioso en abordar de manera amplia y en casi todos sus aspectos la peculiar naturaleza de las sociedades y de las economías que dependen de la información como materia productiva. La cita, extraída de la primera obra de la trilogía, parece resonar de manera funesta con una actualidad descarnada.

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