¿Es moralmente responsable tener hijos?

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Para millones de personas en todo el mundo, tener hijos es uno de los objetivos más deseados y celebrados. Pero el hecho en sí de tener hijos puede ser considerado como una materia de disputa moral. Y es que tener hijos supone una decisión privada motivada por un deseo personal que tiene costes públicos en forma de, por ejemplo, inversión económica del Estado para asegurar el bienestar de sus nuevos ciudadanos. Además, tener hijos supone una carga clara para los bienes de uso común, siendo el medio ambiente un ejemplo muy claro de ello: más personas en el mundo suponen más degradación medioambiental (en su día dediqué una entrada en el blog sobre este punto).

Así las cosas, parece lícito preguntarse si tener hijos es algo que debamos respetar desde un punto de vista moral. De eso es de lo que trata un artículo del excelente blog de reflexión filosófica The Philosopher’s Beard, escrito por Thomas Wells.

Wells considera que presentar el tener hijos como la simple satisfacción de un deseo personal es un tanto simple. Las personas podemos desear tener diferentes cosas en nuestra vida, como un yate o un castillo, pero tener hijos representa otra dimensión: es un acto de compromiso moral con el hecho de contribuir a la formación de una nueva persona en un sentido pleno, un compromiso que se toma a pesar de las dificultades que ello supone. Es, por tanto, uno de aquellos proyectos en el que las personas pueden ir más allá de sí mismas, algo muy diferente a la satisfacción de otros deseos. Puede que tener hijos sea una de las pocas oportunidades para una mayoría de personas de involucrarse en un proyecto que las trascienda, con lo que para Wells el tener hijos se convierte en algo que las sociedades deberían respetar y facilitar.

Aunque bajo este punto de vista tener hijos adquiera una mayor entidad moral, eso no hace que desaparezcan las externalidades sobre los bienes comunes. Wells razona que si tener hijos es defendible y respetable si se entiende como un medio que tienen las personas para involucrarse en proyectos morales que vayan más allá de sí mismas, entonces podríamos generalizar la fórmula: las personas deberían tener el derecho a intentar lograr algo que importe en sus vidas. Dados los costes que tener hijos impone a toda la sociedad, bien podría ser que esa fórmula aplicable a todo el mundo implique que la maternidad / paternidad pueda ser desalentada respecto a otras vocaciones (mediante, por ejemplo, un debate público sobre la noción de si tener hijos es la única manera de tener una vida significativa).

El objetivo es que más gente pueda vivir vidas que consideren que valgan la pena, no necesariamente más padres.

The aim is more people living lives they believe matter, not necessarily more parents.

 

Da que pensar: En última instancia, el argumento de Wells de que todo el mundo debería tener derecho a lograr algo que importe en sus vidas, sea ese “algo” tener hijos o no, recuerda a la teoría de Martha Nussbaum de la creación de capacidades. Nussbaum tomó sus ideas de las críticas del Premio Nobel de Economía Amartya Sen hacia la idea de que medidas como el Producto Interior Bruto puedan reflejar el  bienestar de un país. En ese sentido, Sen duda de que indicadores como el PIB puedan decirnos algo relevante sobre si la población de un país vive en unas condiciones óptimas de bienestar, pudiendo acceder a bienes como la educación o la sanidad.

Nussbaum propone una forma alternativa de considerar el bienestar humano en el seno de las naciones: su enfoque del desarrollo de capacidades, presentado para el público en general en obras como Crear capacidades. Puedes leer un resumen del argumento central de Nussbaum en la reseña de Crear capacidades que Manuel Barrios escribió para El Confidencial. Escribe Barrios:

El éxito o rendimiento de estas políticas, nos dice, ha de medirse en función de las oportunidades que abren a cada persona. Y las “capacidades” de las que hablan Sen y Nussbaum, concebidas como libertades sustanciales, se definen precisamente por estas oportunidades. De nada vale pregonar derechos en abstracto si luego no se facilita a los ciudadanos los medios y condiciones para poder ejercer libremente estas capacidades, que Nussbaum concreta en diez: vida, salud física, integridad física, disfrute de los sentidos, la imaginación y el pensamiento; desarrollo emocional; razón práctica; derecho de afiliación; relación respetuosa con otras especies; actividad recreativa y control sobre el propio entorno.

(En este enlace tienes más información sobre las capacidades de las que habla Nussbaum)

Sin duda, la propuesta de Nussbaum se encuentra con desafíos prácticos, siendo el mayor de ellos la poca voluntad actual de las naciones a repensar el bienestar en otros términos diferentes al desarrollo económico. A pesar de ello, apuestas como la de Nussbaum pueden ofrecer un buen fundamento teórico a las críticas que, con razón, se puedan realizar a la manía por el desarrollismo económico a toda costa. Como escribe Barrios:

[…] un texto muy conveniente el de Nussbaum para que en este contexto de crisis, en medio de la obsesión por la solvencia financiera y la reactivación del consumo, no olvidemos ni dejemos que nuestros políticos olviden que el objetivo básico de desarrollo es crear un ambiente propicio para que los seres humanos disfruten de una vida prolongada, saludable, emancipada y culturalmente estimulante.

Imagen via 3 Quarks Daily

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