La Poesía: la última Casa de Misericordia

Joan Margarit es uno de los poetas más reconocidos en lengua catalana y española. Su dilatada carrera le ha valido reconocimientos (como el Premio Nacional de Poesía de España otorgado en el año 2008), traducciones a varios idiomas y apariciones en variados medios de comunicación.

El pasado 2015 la editorial Arpa publicó Un mal poema ensucia el mundo, una obra en la que se recoge la obra en prosa de Margarit.

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Es una colección heterogénea, pues recoge prólogos y epílogos de sus anteriores obras así como una sección titulada Nuevas cartas a un joven poeta. Estas “cartas” recogen distintos aspectos de lo que para Margarit es el arte poético, en forma de consejos o reflexiones. De entre esas cartas hay una que voy a destacar aquí, la titulada Entender un buen poema.

De hecho, como comenta el autor a pie de página las reflexiones de Entender un buen poema utilizan los conceptos de los epílogos de dos de sus obras, Cálculo de estructuras y Casa de Misericordia. Ambos están también incluidos en el volumen, por lo que rescataré algunos de sus párrafos más iluminadores.

Parece más que necesario que poetas de la talla de Margarit reflexionen sobre el problema de la comprensión de un poema. Y es que la poesía es uno de los géneros más marginados por el público, normalmente con el argumento de que es difícil de entender.

En parte, la queja de parte del público de que la poesía no se entiende es motivada. Para Margarit, la culpa de este alejamiento la tienen las vanguardias artísticas del siglo XX, que no sólo querían romper con su pasado, sino también con su presente. Se desarrollaron así nuevas formas de expresión, pero al mismo el significado de la poesía se oscurecía. Y eso trajo una importante contrapartida:

Este absurdo planteamiento, nuevo en la historia del género, ha provocado el alejamiento por parte de muchos lectores, en una especie de ceremonia de auto-destrucción que parece aspirar a una poesía que no dice nada leída por nadie. (p. 152)

Margarit lo tiene claro: “sólo es válida la poesía que se entiende” (p. 152). Para nuestro poeta “entender” un poema implica algo muy especial:

[…] las personas que han leído un buen poema ya no son las mismas que antes de leerlo. Esta sensación significa que se ha entendido el poema. Significa que el lector está en disposición de pensar sobre él y de continuar leyéndolo, interpretándolo sin necesidad de ningún don ni ninguna situación previa especiales. (p. 152)

Margarti elabora más su concepción de lo que implica “entender” un poema utilizado un símil peculiar:

Yo sólo sé aproximarme al concepto de entender diciendo que es un proceso de entrada y de salida. Lo que en teoría de la información se llama una caja negra. Entra una información y sale otra, sin que sepamos qué ha pasado en el interior de la caja negra. En un poema entra una persona con un determinado estado interior, lo que yo llamaría, continuando dentro del marco de la teoría de la información, con un grado de desorden a causa de los miedos, las tristezas, las pérdidas, es decir, los factores que continuamente están amenazando el equilibrio interior. Si a la salida del poema este desorden es menor, quiere decir que se trataba de un buen poema y que se ha entendido. (pp. 151 – 152)

Ese aumento del orden interior proporciona a la poesía una fuerza muy especial: el poder de consolarnos “ante el desorden continuado de la vida”, y a la angustía que ese desorden nos provoca (p. 151).

Joan Margarit. Imagen via Nació Digital, fotografía de Esteve Plantada (http://www.naciodigital.cat/noticia/81536/joan/margarit/mal/poema/embruta/mon)
Joan Margarit. Imagen via Nació Digital, fotografía de Esteve Plantada (http://www.naciodigital.cat/noticia/81536/joan/margarit/mal/poema/embruta/mon)

A pesar de que una parte del público reniegue de la poesía con el pretexto de que es difícil de entender, también es cierto que hay un sector del público lector de poesía que reniega de aquellos poetas que se esfuerzan por hacerse comprender. Tal y como si la claridad fuese una falta más que una virtud, una señal de ingenuidad artística. Cómo no, para Margarit más bien sucede todo lo contrario:

[…] nada está más lejos de la poesía que la ingenua espontaneidad. Precisamente la poesía es el límite hasta el que se nos permite avanzar participando de la vida y de las cosas. Más allá de la poesía comienza una zona al margen del mundo, una claridad o una oscuridad estériles […] (p. 53)

Es ahí, en esa zona de límite a la que nos conduce la poesía, donde de nuevo tenemos la oportunidad de hallar el consuelo ante el desorden de la vida:

[…] en cierta manera es como si las palabras hubiesen servido, al nombrar las cosas, para establecer una línea defensiva frente al terror del mundo y que la poesía permitiese penetrar otra vez – con prudencia, siempre custodiados por las palabras – en aquella gélida infinitud que comienza detrás de la barrera protectora del lenguaje. (p. 53)

Margarit expresa de otra manera aún más lírica la función consoladora de la poesía:

[…] lo que es impersonal, es decir, objetivo, no puede ayudar con dignidad a paliar los efectos del dolor moral, que fundamentalmente está causado por pérdidas y ausencias. Ningún consuelo puede servir si no le habla directamente a un tú. Por esto, cansados de ideologías y abstracciones, encontrarse de repente con una poderosa subjetividad que se plantee directamente, sin ningún tipo de intermediario, acceder al centro de la tristeza – esto es lo que hace la poesía – puede ser tan importante. (pp. 68 – 69)

No es poca la función que Joan Margarit otorga a la poesía: poner orden en nuestro caos interior, manternos a salvo de los vaivenes del mundo, consolarnos de pérdidas y ausencias. Un poder enorme para una empresa, la de hacer versos, en apariencia tan humilde. Es por esto que nuestro poeta utiliza una imagen con la que comparar la poesía: la Casa de Misericordia, esos centros dedicados al socorro y auxilio de los más necesitados:

No hay muchas cajas negras en las cuales nuestra soledad pueda entrar para salir más consolada, más ordenada, más feliz en suma. La poesía quizá no es gran cosa, pero más dura es la intemperie sin los versos. En este sentido, la poesía es la última Casa de Misericordia. (p. 153)

Un mal poema ensucia el mundo nos permite comprender los puntos de vista del maestro Joan Margarit sobre el arte poético, lo que a su vez nos proporciona una excelente materia de reflexión sobre la que basar nuestra propia concepción de la poesía.

No dejes de visitar la página web de Joan Margarit, en la que podrás leer y escuchar algunos de sus poemas narrados por él mismo, como éste Casa de Misericordia:

El padre fusilado.
O, como dice el juez, ejecutado.
La madre, ahora, la miseria, el hambre,
la instancia que le escribe alguien a máquina:
Saludo al Vencedor, Segundo Año Triunfal,
Solicito a Vuecencia poder dejar mis hijos
en esta Casa de Misericòrdia.
El frío del mañana está en la instancia.
Hospicios y orfanatos fueron duros,
pero más dura era la intemperie.
La verdadera caridad da miedo.
Igual que la poesía: un buen poema,
por más bello que sea, será cruel.
No hay nada más. La poesía es hoy
la última casa de misericordia.

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