La vida no cabe en un poema (ni tan sólo de Jaime Gil de Biedma)

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¿En qué consiste la vida? Seguro que todos, en más de una ocasión, hemos tenido la sensación de que vivir consiste en algo así como en un ir pasando etapas: nacer, crecer, envejecer, morir. Unas etapas de las que nadie escapa, que se repiten en cada individuo de manera inapelable.

De todos los géneros literarios, quizá sea la poesía la que mejor capte esa sensación de extrañeza, de decepción, de tristeza que nos causa la consciencia de que vivir sea, al fin y al cabo, ni más ni menos que eso.

Pero por muy líricos y bellos que sean los cantos de la poesía sobre las etapas de la vida, quizá haríamos bien en tomarlos con un poco de escepticismo y de distancia.

Un buen ejemplo de ese distanciamiento necesario (de esa conciencia crítica, podríamos decir) de los cantos de la poesía lo encontramos en el epílogo de Gonzalo Torné al libro Sobre el inconveniente de tener muchos amigos, una recopilación de escritos sobre la amistad de Plutarco editado por Ariel en este 2016.

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Torné utiliza como ejemplo un poema que seguro que el lector conoce: No volveré a ser joven, de Jaime Gil de Biedma:

 

Que la vida iba en serio

uno lo empieza a comprender más tarde ­

como todos los jóvenes, yo vine

a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería

y marcharme entre aplausos ­

envejecer, morir, eran tan sólo

las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo

y la verdad desagradable asoma:

envejecer, morir,

es el único argumento de la obra.

 

Según Torné, el efecto que nos despierta este bello poema no sólo se debe a lo bien que Gil de Biedma “refleja el siniestro y sobrio conformismo que nos impregna a medida que uno cumple años”: además, el poema nos emociona y nos choca en virtud de un “sofisticado truco óptico”:

Biedma (o la voz del poema) tiene toda la razón siempre que observemos nuestra vida desde determinada altura, si nos la tomamos “en resumidas cuentas”. A esa distancia la vida de cualquiera puede resumirse en un espasmódico (por breve y por sinuoso) proceso biológico. (p. 198)

Pero, comenta Torné, la vida no se experimenta “en resumidas cuentas”, sino día a día, y eso puede hacer una gran diferencia en nuestra percepción de lo que es vivir. Y es que…

[…] si las consideramos así vaya si son entonces distintas las vidas, y vaya si son sabrosas y están repletas de pensamientos y gestos que el desgaste biológico no puede impedir que experimentemos, anhelemos, disfrutemos o nos entristezcan. Cómo cambian según las variaciones del talento, los afectos, la suerte, la posición económica, las expectativas, los logros, la ambición, el miedo, la cultura, el clima o el idioma. Con el añadido de que cada vida individual (la porción de tiempo pensada por la misma conciencia) se altera y atraviesa por fases muy distintas. (p. 198)

El comentario de Torné al poema de Biedma no es un ejercicio de “quisquillosidad”, unas ganas de buscarle los tres pies al gato a un poema excelente. Más bien, es una llamada de atención para que no perdamos de vista que la vida es mucho más compleja, más larga y, por qué no, más fructífera de lo que cabe en unas estrofas. Una llamada que puede sernos útil recordar en estas sociedades nuestras en las que se ensalza constantemente, y sin ningún rubor, la juventud como única fuente de valor de una vida humana.

 

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