¿Tienen los nombres de personas un género inherente?

nombres y genero

La idea más común que tenemos del funcionamiento del lenguaje es que es un sistema arbitrario, es decir: no hay relación entre el significante y el significado o, dicho con otras palabras, la relación entre ambos es una convención social. Pero puede que esto no sea del todo cierto.

Un estudio publicado en abril de 2016, y reseñado en Scientific American, sugiere que ciertos tipos de nombres de persona es más probable que se asignen a chicos que a chicas según cuáles sean las propiedades del sonido de esos nombres.

Para llegar a esa conclusión los investigadores analizaron 270 millones de nombres de bebés nacidos en los EEUU, desde 1937 hasta 2013. Hallaron que es más probable que los chicos reciban nombres que comiencen con fonemas “duros”, que vibran en las cuerdas vocales, como A o B; mientras, las chicas reciben con más probabilidad nombres que comienzan con fonemas “suaves”, como F o H.

Además, los investigadores hallaron que tanto en los EEUU como en la India los sujetos encuestados percibían los fonemas que vibran en las cuerdas vocales como más “duros” y más masculinos.

Consulta la reseña de Scientific American (en inglés) para ejemplos concretos de nombres propios, y el estudio original para más detalles de la metodología.

 

Da que pensar: El estudio reseñado en Scientific American no es el único en sugerir que el lenguaje no es un sistema totalmente arbitrario. En la revista digital Ciencia Cognitiva (una de las mejores en español sobre el estudio de la mente) podemos leer un artículo de José Antonio Villén Raya, Francisco José Pérez Díaz y Ana Cristina Martín Jiménez titulado ¿Es realmente arbitraria la relación entre las palabras y sus significados?, que nos hace un buen resumen de los trabajos que muestran indicios de no-arbitrariedad en el lenguaje.

Según nos cuentan en Ciencia Cognitiva, en 1922 Otto Jespersen planteó una de las primeras hipótesis sobre la no-arbitrariedad. Según Jespersen:

existe una cierta correspondencia entre significantes y significados, de forma que en la mayoría de las lenguas los objetos pequeños, agudos y altos suelen nombrarse con vocales anteriores altas (/i/), mientras que objetos grandes, redondos y bajos tienden a nombrarse con vocales posteriores (/o/, /u/).

Unos años más tarde (1929), Wolfgang Köhler mostró que la no-arbitrariedad se daba de hecho en el lenguaje. Köhler llevó a cabo unos estudios en Tenerife (España), en los que mostró a los sujetos figuras redondeadas o puntiagudas, pidiéndoles que les asociaran una de dos palabras, «takete» o «baluba». Köhler halló que había una preferencia a asociar a la forma puntiaguda la palabra «takete» y a la redondeada la palabra «baluba».

Ya en el siglo XXI, Vilayanur S. Ramachandran y Edward Hubbard repitieron el experimento de Köhler utilizando los términos «kiki» y «bouba» con hablantes de lengua inglesa y de tamil, y hallaron resultados semejantes a los de Köhler. Desde entonces se conoce a este fenómeno como el efecto buba-kiki. De manera significativa, Oberman y Ramachandran hallaron que este efecto se presentaba con menor frecuencia en una muestra estudiada de personas autistas.

En Ciencia Cognitiva también nos explican que el efecto buba-kiki se ha comprobado en la población Himba de Nambia (“que apenas tiene influencia occidental y que además carece de lenguaje escrito”), en niños de 2’5 años e incluso en bebés de 4 meses de edad.

Incluso se ha mostrado el efecto predicho por Jespersen, por el cual “existen ciertos fonemas que indican pequeñez (p.ej., /i/) y otros que indican un tamaño grande (p.ej., /u/)”.

Es interesante reproducir una de las conclusiones que extraen los autores del artículo de Ciencia Cognitiva de su resumen, para ponerla en relación con los hallazgos del estudio reseñado por Scientific American:

En conclusión, la investigación ha demostrado que las personas son capaces de captar una relación entre los sonidos que utilizamos como nombres y las características de los objetos a los que hacemos referencia. Asimismo, este fenómeno se da en culturas muy alejadas del mundo occidental y en bebés de muy corta edad, lo que sugiere que se trata de un fenómeno filogenéticamente programado. Empero, no podemos negar la evidente arbitrariedad presente en el vocabulario de los lenguajes. Por tanto, lo más adecuado es proponer una postura intermedia en la que se admitan algunas correspondencias entre fonemas de palabras y referentes, a la vez que se reconoce cierta arbitrariedad.

Imagen via Science of Us

 

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