Las nuevas pirámides del Sistema, y el gobierno del miedo

el sistema

La Historia Nueva proclamó un desiderátum radical: acabar para siempre con el aspecto piramidal de las sociedades. Aquel empeño, que procedía del venero inagotable de los pensadores y revolucionarios de la Historia Moderna, fue asumido por la intelligentsia del Sistema, […] como el mayor programa de reformas de los últimos siglos y, por extensión, como el proyecto emancipador más profundo desde el nacimiento de la escritura. Pronto, la asunción del empeño quedó eclipsada por el formalismo organicista del día a día, y tan feliz propósito se invirtió.

De hecho, la agudización del aspecto piramidal del Sistema es el aspecto más evidente de los últimos decenios. Una élite minúscula, un puñado de privilegiados al margen de los dictados del Sistema (el Sistema es la encarnación de esas personas; esa élite es la sustancia gris del Sistema), corona la delgadísima cúspide de la pirámide, cuya base no deja de crecer con el tiempo. Tanto que las hormigas que pululan allá abajo, al nivel del suelo, no alcanzan a ver la altura del edificio que construyen. Y tanto, además, que la función histórica de las pirámides, nacidas en la Historia Antigua como receptáculos para el cuerpo de los faraones, renace con fuerza. Sólo que en su centro, en vez de momias venerables, se esconden los sueños robados a decenas de generaciones. En ese sentido, la pirámide del Sistema no abriga cadáver alguno, sino que es un cenotafio de la dignidad. En su interior no hay nada, salvo vidas dilapidadas. (p. 50 – 51)

 

A la conquista de un paradigma que articule la relación entre cúspide y base de la pirámide, el Sistema apuesta como elemento de cohesión por el más eficaz de los lacayos: el miedo.

En el haber del Sistema debe apuntarse que sus directores son lo bastante sagaces como para procurar que este miedo mude de rostro con frecuencia. […]

Este miedo mutante se concentra en el declive del bienestar. Si décadas atrás los Propios [los habitantes por derecho del Sistema] temían volar por los aires cada vez que tomaban un avión o subían a un vagón de metro, hoy temen verse reducidos a escoria segregada por el propio organismo social, desechos escupidos hacia las filas de los Ajenos [los expulsados del Sistema] debido a la penuria económica. Este temor al derrumbe financiero es un guante de seda que recubre un puño de hierro. Y es que semejante miedo, siendo menos cósmico que el temor al terrorista, es mucho más infeccioso, pues no sólo atañe a la persona singular, sino a una compleja constelación de significado: hijos, esposos, familia. Se teme no tanto la debacle del propio ser como su onda expansiva. (p. 56 – 57)

 

El Sistema, obra de Ricardo Menéndez Salmón ganadora del premio Biblioteca Breve 2016, es una novela de ideas, más una autopsia de nuestro tiempo que una distopía, aunque la novela beba abundantemente de este género narrativo. Menéndez Salmón crea una parábola de nuestras sociedades modernas, reflejadas en lo que el autor denominada “El Sistema”, en la que se conjugan reflexiones sobre la naturaleza humana, el poder,  la capacidad combativa y sanadora de la escritura y los cambios que quizá lleguemos a contemplar. Podeís leer una entrevista con el autor a propósito de su obra en El Cultural.

 

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