El verdadero peligro de la inteligencia artificial

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La inteligencia artificial (IA) está sin duda de moda. Cuantos más logros se consiguen gracias a los nuevos avances el campo, más son las dudas y los miedos que nos asaltan: ¿nos arrebatarán las máquinas inteligentes nuestros empleos?; ¿llegará un día en que nos desbancarán en inteligencia y en capacidades?

Aunque esos miedos son comprensibles, quizá no tengan objeto. Es más, quizá el verdadero problema de la IA sea otro: cómo los  humanos utilizaremos esas máquinas inteligentes. Eso es lo que sostiene un artículo de la revista New Scientist, del número de junio de 2016 y consultable online  (en inglés).

Según el artículo, estamos bastante lejos de nuestros peores temores: de momento, la creación de máquinas que compitan con las personas en cuanto a capacidades intelectuales no está en el horizonte, por lo que no deberíamos asustarnos por la pérdida de la excepcionalidad humana en ese aspecto.

Lo que sí debería preocuparnos es el uso que se dé a las tecnologías inteligentes en el trabajo, no tanto porque nos vayan a robar nuestros empleos, sino porque se pueden agudizar según qué tendencias sociales:

La “gig economy”, de la que firmas como Uber son pioneras, añade flexibilidad al mercado laboral y comodidad a los clientes mediante la gestión por algoritmos – pero a costa de los derechos de los trabajadores y de sus condiciones de trabajo. La IA podría acelerar esa tendencia. Y eso importa: nuestro trabajo es una parte integral de nuestra identidad, y preservar la dignidad de nuestro trabajo debería ser central para nuestra sociedad. Deberíamos luchar para asegurarnos que la IA sea usada mejorar la caulificación de los trabajadores, en lugar de para reducir sus trabajos a tediosas tareas: deshumanizar a los trabajadores es un pobre uso de la tecnología.

The “gig economy”, pioneered by firms such as Uber, adds flexibility to the labour force and convenience to their customers via algorithmic management – but at a cost to workers’ rights and conditions. AI could accelerate that trend. That matters: our work is integral to our identities, and preserving the dignity of labour should be central to our society. We should strive to ensure that AI is used to upskill workers rather than paring their jobs down to tedious piecework: dehumanising workers is a poor use of the technology.

Y sentencia:

La IA no puede desmantelar nuestros trabajos, nuestra dignidad o nuestros derechos. Sólo otros humanos pueden hacerlo.

AI can’t strip us of our jobs, our dignity or our human rights. Only other humans can do that.

Un breve pero interesante artículo que puedes consultar en su versión íntegra (en inglés) en la web de New Scientist.

Imagen via MIT Technology Review.

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