John Cheever sobre la ficción y su forma de escribir

B&W File 1979.  Author John Cheever in 1979 at the Croton railroad station in Westchester County, New York. Photo by Donal (cq) F. Holway FTWP. [flatbed scan 06-30-04]
B&W File 1979. Author John Cheever in 1979 at the Croton railroad station in Westchester County, New York. Photo by Donal (cq) F. Holway FTWP. [flatbed scan 06-30-04]
John Cheever es uno de los escritores más celebrados de las letras modernas. Especialmente admirados son sus cuentos, que Cheever consiguió publicar en varias revistas de renombre, como The New Yorker. En sus historias, ya sean novelas o cuentos, Cheever profundizó en la vida de los suburbios acomodados de EEUU, en sus conflictos siempre latentes y en el lado menos amable del sueño americano.

34 años después de su muerte, Cheever sigue siendo un referente para todo escritor interesado en seducir al lector desde las primeras líneas de un relato. Pero, ¿cuáles son las claves de su estilo?

Hace unos años se publicó en España un libro, editado por Ignacio Echevarría, que recogía algunas de las mejores entrevistas a escritores que se habían publicado en la famosa revista The Paris Review, titulado simplemente The Paris Review: entrevistas. Una de ellas era una entrevista a John Cheever realizada por Annette Grant en 1976, en las que el gran autor nos ofrece algunas de las claves de su arte.

the paris review entrevistas

Grant nos explica que Cheever era reacio a las entrevistas que querían profundizar en su técnica y estilo, por lo que las declaraciones de Cheever conseguidas por Grant tienen casi el valor de una confesión. Además, la entrevista tuvo lugar sólo 6 años antes del fallecimiento de Cheever, por lo que encontramos a un autor plenamente formado y con opiniones muy claras sobre su arte y sobre las letras en general. Veamos algunas de las declaraciones más interesantes de la entrevista.

¿Qué es lo que más caracteriza a la ficción? Puede que mucha gente diga que es la capacidad de fabular, de inventar…. incluso de mentir. Y Cheever estaba de acuerdo en este extremo:

En lo que respecta a mentir, me parece que la falsedad es un elemento fundamental de la ficción. Parte de la emoción de que le cuenten a uno una historia procede del hecho de ser engañado o seducido. Contar mentiras es una especie de juego de manos que muestra nuestros sentimientos más profundos acerca de la vida. (p. 149)

Aunque bien podría ser que la mentira fuera un extremo en el que se situaría la ficción. De esta manera, podrían haber ciertos equilibrios entre el fabular, la mentira, y su opuesto: la verdad, lo que las cosas son. O al menos la apariencia de verdad, la verosimilitud. Para Cheever, la verosimilitud era una herramienta importante en sus historias:

La verosimilitud es, a mi entender, una técnica que uno explota para asegurar al lector la veracidad de lo que se le está contando. Si el lector realmente cree que está sobre una alfombra, la puedes sacar de debajo de él. Claro que la verosimilitud también es una mentira. Lo que he querido siempre de la verosimilitud es la probabilidad, que es en gran medida el modo en el que vivo. Esta mesa parece real, la cesta de fruta pertenecía a mi abuela, pero una loca podría entrar por la puerta en cualquier momento. (p. 149)

A Grant le interesa conocer la opinión de Cheever sobre algunos tópicos que siempre rondan a los escritores. Por ejemplo: ¿qué relación tiene Cheever con sus personajes?; ¿se acaban convirtiendo éstos en una entidad autónoma, con vida propia, como suelen sostener no pocos autores? Cheever lo tiene claro:

La leyenda de que los personajes salen huyendo de sus autores, que toman drogas, cambian de sexo y se convierten en presidente implica que el escritor es un estúpido que no tiene ningún conocimiento ni dominio de su oficio. Eso es absurdo. Claro que cualquier ejercicio imaginativo valioso aprovecha una memoria tan compleja y apabullante que disfruta realmente del carácter expansivo – los giros sorprendentes, la respuesta a la luz y a la oscuridad – de cualquier ser vivo. Pero la idea de que los autores vayan corriendo inútilmente tras sus estúpidas invenciones resulta deleznable. (p. 151)

¿De dónde obtenía Cheever la chispa inicial para sus historias? Aunque muchos escritores confían en la creación de una sólida trama previa a la escritura definitiva, no parecía ser éste el caso de Cheever:

No trabajo con tramas. Trabajo con la intuición, la percepción, los sueños, los conceptos. Los personajes y los sucesos me llegan simultáneamente. La trama implica narrativa y un montón de mierda. Es un intento calculado de retener el interés del lector sacrificando las convicciones morales. Claro que uno no quiere ser aburrido… uno necesita un elemento de suspense. Pero una buena narrativa es una estructura rudimentaria, se parece bastante a un riñón. (p. 157)

Puede que ese uso de la intuición, esa mezcla simultánea de personajes, sucesos y conceptos, llevase a Cheever a considerar que la narrativa siempre era un arte arriesgado en cierto sentido:

La ficción es una experimentación; cuando deja de ser eso, deja de ser ficción. Uno nunca escribe una frase sin sentir que nunca se ha escrito de esa manera, y que puede que incluso la sustancia de la frase no se haya sentido nunca. Cada frase es una innovación. (p. 161)

 

aurelio lorenzo_john cheever
Ilustración de Aurelio Lorenzo para el libro “Mezclados y agitados” (https://www.behance.net/gallery/7472145/Mezclados-y-agitados)

 

Uno de los momentos más interesantes de la entrevista se produce cuando Grant pregunta al escritor sobre los rápidos inicios de sus historias. La respuesta de Cheever hace referencia a un fenómeno que se discute mucho en nuestros días: la disminución en la capacidad de atención del lector, algo que se relaciona con los acelerados tiempos de nuestra economía de la atención y con sus excesos. Recordemos que las historias de Cheever se publicaron durante mucho tiempo en revistas, lo que para el autor marca una diferencia con respecto al estilo que se necesitaba para llegar al lector:

Bueno, si como narrador quieres establecer algún vínculo con tu lector, no empiezas diciéndole que te duele la cabeza y que tienes indigestión y que has pillado un sarpullido horrible en Jones Beach. Uno de los motivos es que en las revistas la publicidad es mucho más habitual hoy en día que hace veinte o treinta años. Al publicar en una revista compites con anuncios de fajas, anuncios de viajes, desnudez, tiras cómicas, incluso con poesía. La competencia hace que resulte casi inútil. […] ha habido una pérdida genuina de la serenidad, no sólo del público lector, sino en todas nuestras vidas. Quizá se ha perdido la paciencia, o incluso la capacidad de concentrarse. Al principio, cuando apareció la televisión, nadie publicaba artículos que no pudieran leerse durante una pausa publicitaria. Pero la ficción es lo bastante resistente como para sobrevivir a todo esto. (p. 164)

El primer principio de la estética es el interés o el suspense. No puedes esperar comunicarte con nadie si eres un aburrimiento. (p. 165)

¿Tiene la ficción una utilidad? ¿Puede ser utilizada para enseñarnos lecciones sustantivas sobre la vida? Es éste otro de los aspectos en los que Cheever se muestra tajante, en contra seguramente de la opinión de una buena parte de los y las narradoras:

La ficción está pensada para iluminar, para explotar, para refrescar. No creo que exista ninguna filosofía moral derivada en la ficción más allá de la excelencia. La agudeza de los sentimientos y la velocidad siempre me han parecido aspectos importantísimos. La gente busca enseñanzas morales en la ficción porque siempre ha habido una confusión entre la ficción y la filosofía. (p. 167)

Finalizando la entrevista, Grant pregunta a Cheever qué se siente cuando se sienta en la máquina de escribir: ¿una especie de sentimiento de divinidad, de ser un dios? La metáfora del artista como divinidad creadora ha sido explotada hasta la saciedad a lo largo de los milenios. Pero para Cheever todo parece ser más fácil, y mucho más pragmático:

No, nunca me he sentido como un dios. No, la sensación que se experimenta es la de que uno es totalmente útil. Todos tenemos un poder de control, forma parte de nuestras vidas; lo tenemos en el amor, en el trabajo que nos encanta hacer. Se trata de una sensación de éxtasis, tan sencillo como eso. Es la sensación de que “ésta es mi utilidad, y puedo recorrer todo el camino con ella”. Siempre hace que acabes sintiéndote genial. En resumen, que has dado sentido a tu vida. (p. 170)

 

En The Paris Review: entrevistas encontrarás otras 15 entrevistas a gigantes de las letras, como William Faulkner, Louis-Ferdinand Céline, Kurt Vonnegut o Joyce Carol Oates. Una ventana que nos permite vislumbrar la vida y de la concepción artística de creadores que han moldeado gran parte de nuestra cultura literaria.

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