El mecanismo cerebral por el que la música nos da escalofríos (de gusto)

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No son pocas las personas que dicen sentir escalofríos cuando escuchan determinadas piezas musicales, si bien es cierto que también hay muchas personas a las que la música no les dice nada en especial. La causa de que unas personas sientan esos escalofríos y otras no se está mostrando difícil de hallar, aunque un estudio reciente puede haber apuntado la dirección correcta.

El trabajo fue llevado a cabo en la Harvard University, y ha sido reseñado en The Guardian. Según las conclusiones, la predisposición a sentir escalofríos cuando escuchamos música puede venir dada por una particular conexión entre distintas zonas del cerebro.

Para realizar el estudio los investigadores reclutaron a 20 voluntarios: 10 de los ellos decían sentir escalofríos al escuchar música, mientras que los otros 10 decían no sentirlos.  La metodología del estudio fue ingeniosa, y los investigadores se preocuparon de controlar las reacciones fisiológicas de los sujetos para que los datos no estuvieran sólo basados en una apreciación personal (consulta la detallada metodología en la reseña de The Guardian).

Los científicos monitorearon el cerebro de los sujetos con una técnica que permite ver cómo de conectadas están diferentes regiones del cerebro. Se halló que las personas que decían sentir escalofríos tenían más fibras nerviosas que conectaban el córtex auditivo con otras dos regiones: el córtex insular anterior, una zona involucrada en procesar los sentimientos, y el córtex medial prefrontal, que se cree que evalúa las emociones y les asigna un valor.

 

Da que pensar: La mayor conectividad entre esas tres zonas permitiría la profunda respuesta emocional que tienen muchas ante la música. Queda, eso sí, reproducir los resultados en otros estudios independientes para confirmarlos y esclarecer una cuestión importante: como comenta uno de los investigadores a The Guardian, de momento no se puede saber si esa la profunda respuesta emocional que despierta la música puede aprenderse, o si hay personas que de manera natural ya poseen una mayor densidad de fibras conectoras.

Puede que haya una tercera posibilidad. La música ha sido considerada por multitud de artistas y filósofos como la forma de arte más perfecta, puesto que la comunicación entre el artista y el oyente parece instantánea. Pero la música encierra multitud de elementos cuyo conocimiento puede determinar la apreciación de una pieza: desde cuestiones puramente musicales, como la función de determinados movimientos de acordes, de los contrapuntos,… hasta cuestiones culturales, como la evolución de los estilos y del gusto.

Parece del todo posible que haya personas que de manera natural muestren una mayor receptividad a la música y a sus poderes emocionales (podemos pensar en nuestro entorno de relaciones más cercano, y es probable que hallemos a un melómano de primera categoría). Pero también parece plausible que un buen conocimiento de los elementos que conforman la música pueda llevar a una mayor apreciación de ésta y por tanto a un mayor disfrute.

Habrá que aguardar nuevos desarrollos, pero al menos de momento una cosa está clara: el poder de la ciencia para iluminar cada vez más áreas que solían ser patrimonio exclusivo de la especulación filosófica.

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