Predestination, o sobre lo inevitable y el huevo y la gallina

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Seguro que en más de una ocasión has escuchado la pregunta, o la has hecho tú mismo/a. Y es que es una paradoja clásica sobre las causas y los efectos, y sobre el origen de la vida. De hecho, la paradoja del huevo y la gallina se puede entender como un ejemplo de un grupo de paradojas temporales, los llamados bucles causales. Como nos dice el artículo en inglés de la Wikipedia:

Un bucle causal […] es una secuencia de sucesos (acciones, información, objetos, personas) en la que un suceso se encuentra entre las causas de otro suceso, el cuál a la vez está entre las causas del primer suceso mencionado. Estas secuencias de sucesos en forma de bucles causales existe en el espacio-tiempo, pero su origen no puede ser determinado.

A causal loop […] is a sequence of events (actions, information, objects, people) in which an event is among the causes of another event, which in turn is among the causes of the first-mentioned event. Such causally-looped events then exist in spacetime, but their origin cannot be determined.

Como os podéis imaginar, los bucles causales son un material perfecto para servir de fundamento a obras de ficción como la película de esta entrada: Predestination.

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Predestination en un film del año 2014 que en nuestro país no llegó a las salas de cine, lanzándose directamente al mercado en DVD. Un hecho que nada tiene que ver con una posible falta de calidad de la cinta: la obra, dirigida por los hermanos australianos Michael y Peter Spierig tuvo una muy buena acogida por la crítica, y ganó diversos premios de la Australian Academy of Cinema and Television Arts Awards.

La película se basa en el relato All you zombies del escritor de ciencia ficción Robert A. Heinlein. Pero no es una obra basada en grandes efectos especiales, en explosiones o persecuciones. Más bien, es una buena historia que se va cociendo a fuego lento, que no rehúye los efectos desconcertantes de las paradojas temporales, con dosis de género negro.

Dado que la historia se basa en un bucle temporal, no daré muchos detalles sobre el argumento para no estropear sorpresas… por eso, y porque ya ha sido reseñada en numerosos blogs, como Blog de cine, Naukas o Viajeros en el tiempo. Aun así, vale la pena dedicarle algunas líneas.

Ethan Hawke es un agente temporal que trabaja para una agencia gubernamental. Su principal misión es atrapar al bautizado como “terrorista fallido”, para evitar un atentado que causará miles de muertos en la ciudad de Nueva York. El personaje de Hawke resulta herido en el intento de atrapar al terrorista con el que comienza el film. Durante su recuperación conocemos, gracias a la voz en off de Hawke, algunos detalles de su misión y de su existencia. Ya recuperado, Hawke es enviado al pasado a una nueva misión, donde conocerá a un misterioso personaje interpretado por Sarah Snook.

En Predestination la paradoja del huevo y la gallina es mencionada en un par de ocasiones por los protagonistas. Más adelante hablaremos sobre este rompecabezas. De momento, me gustaría comentar otra de las ideas que aparecen con fuerza en Predestination: ¿están fijados de alguna manera los sucesos que vivimos? Dicho de otra manera: ¿son inevitables? Dado el título del film, es comprensible que estas cuestiones sean una parte central de la historia. De hecho, los personajes de Hawke y Snook intercambian algunas líneas de guion en torno a estos interrogantes.

La idea de que los sucesos que tienen lugar son inevitables o no es muy importante en lo que hace a otra cuestión controvertida: la existencia o no del libre albedrío. Y es que si los sucesos fueran inevitables no tendría sentido hablar de libertad personal, dado que no tendríamos margen para elegir cómo comportarnos.

Aquí en ideofilia ya hace un tiempo os recomendé una obra original que gira en torno del problema del libre albedrío: La evolución de la libertad, del filósofo Daniel Dennett. En aquella entrada os explicaba la idea que Dennett tiene de lo que es la libertad, y como de ésta se derivaría que, efectivamente, tendríamos libre albedrío. En esta entrada os querría hablar de cómo Dennett entiende el término “inevitable” cuando lo aplicamos a los sucesos, y qué consecuencias se derivan.

Dennett trata el concepto de lo inevitable en La evolución de la libertad, pero también en otra de sus obras más famosas: La libertad de acción: un análisis de la exigencia de libre albedrío. Para exponer las ideas de Dennett me serviré de la obra Dennett, de Tadeusz Wieslaw Zawidzki, en la que Zawidzki expone los principales puntos de la filosofía de Dennett.

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La idea de que si el comportamiento humano está determinado por eventos que le preceden, entonces todo comportamiento es inevitable y la libertad no existe, es el argumento central del llamado incompatibilismo. Dennett cree que el incompatibilismo utiliza una noción incorrecta del término “inevitable”: no tiene sentido hablar de inevitabilidad en términos absolutos, porque la inevitabilidad siempre es relativa a un agente.

Para Dennett, un agente es cualquier sistema que tenga intereses y que, por tanto, posea razones para actuar de una manera y no de otra (en los términos de Dennett, a un agente de este tipo se le conoce como sistema intencional). Así pues, la cuestión de si algo es inevitable o no depende de qué sistema intencional estemos hablando: más concretamente, la pregunta debería ser si tiene sentido decir que, para determinado sistema intencional, hay cosas que no son inevitables. Dennett cree que respondemos afirmativamente a la pregunta muy a menudo, incluso cuando sabemos que el comportamiento del agente está determinado.

Para mostrar porqué, Dennett utiliza uno de sus ejemplos favoritos. Imagine el lector a dos programas de ordenador, A y B, que juegan partidas entre ellos. Los movimientos iniciales de cada partida están elegidos al azar, lo cual genera una indefinida cantidad de partidas posibles y diferentes entre ellas. Los programas de ordenador son completamente deterministas en sus movimientos: cada movimiento puede ser predicho, basándonos en los movimientos que le preceden. Y, aun así, tiene sentido preguntarse si ciertos movimientos son evitables. Por ejemplo, supongamos que A gana a B el 90% de las ocasiones, por la tendencia de B a mover una figura concreta. Para los programadores de B, tiene sentido preguntarse si este comportamiento es evitable. Supongamos que los programadores reprograman B para compensar esta tendencia, y que por ello B gana a A las siguientes tres partidas. De nuevo, para los programadores de A tiene sentido preguntarse si las victorias de B eran evitables al cambiar, por ejemplo, ciertos movimientos de A. Así, el hecho de que los movimientos iniciales de la partida determinen cómo se desarrolla ésta, es irrelevante para las preguntas en las que los programadores están interesados. Ellos quieren saber algo sobre los diseños de los programas, en concreto: ¿son los programas tales que la derrota se pueda evitar, en circunstancias ligeramente diferentes?, ¿se puede modificar los programas de manera que futuras derrotas en circunstancias parecidas puedan ser evitadas?

Con el ejemplo, se puede ver que hay al menos un concepto de “inevitable” que no está implicado por el determinismo. Y es que si los programadores hablan de sistemas que están completamente determinados y predecibles como si pudieran evitar ciertos comportamientos, entonces el determinismo no implica lo inevitable, en el sentido de los programadores. Hay, por tanto, sistemas determinísticos que no implican inevitabilidad.

Por tanto, decir que el comportamiento de un sistema determinado como los programas de ajedrez no es, en el sentido de los programadores, evitable porque está físicamente determinado, sería cometer un error categorial: se estaría aplicando un concepto que pertenece al nivel del diseño para describir al sistema desde el nivel físico.

Dicho de otra manera: cuando un programador se pregunta si ciertos comportamientos son evitables, en lo que están interesados es en el diseño, no en la cadena causal de eventos físicos que determinan el comportamiento en una ocasión particular. Si el programa hace algo que los programadores no quieren que haga, si hay un punto débil en su diseño, entonces decir que el comportamiento es inevitable porque el sistema está físicamente determinado, equivale a no entender las preocupaciones de los programadores: ellos saben que el programa está determinado, pero lo que quieren saber es si se puede diseñar mejor para evitar en el futuro ciertos comportamientos.

La idea de la evitabilidad en el nivel del diseño es importante en el mundo biológico. La selección natural pone a prueba el diseño de los organismos, “reprogramando” las especies cada vez que el diseño provoca comportamientos no deseados (por ejemplo, caer presa de un predador). En la historia evolutiva, y hablando metafóricamente, la selección natural se pregunta si ciertos comportamientos son evitables, aunque estén determinados en un nivel físico. Por tanto, no se puede entender a los organismos sin utilizar el concepto de evitabilidad.

Dennett es un convencido evolucionista, por lo que aplica esta implicación de la evolución biológica al ser humano. La evolución ha seleccionado para nuestra especie (y para otras) la capacidad de aprender, lo que implica la capacidad de “auto-rediseñarnos” para, constantemente, aprender de la experiencia pasada para permitirnos crear el futuro que queremos tener.

Por este motivo, la cuestión de si algo es inevitable o no para nosotros sólo tiene sentido en el nivel del diseño: si podemos rediseñarnos para conseguir los futuros que queremos, entonces desde el punto de vista del diseño nuestro comportamiento no es inevitable.

Para acabar de comprender mejor este punto, Dennett utiliza otro ejemplo, tomado del filósofo John Austin. Imaginemos a un golfista que ejecuta un golpe al hoyo y falla. ¿Tiene sentido decir que, como el comportamiento estaba determinado, el fallo era inevitable? Para responder a esta pregunta, Dennett nos invita a pensar en dos variantes del ejemplo:

En la primera variante, el golfista utiliza sus mejores recursos intelectuales y físicos para ejercitar el golpe, y falla: en estas circunstancias, es razonable decir que el fallo era inevitable; en la segunda variante, el golfista está enfermo, o agotado, y falla el golpe: en este caso, parece razonable decir que el fallo no era inevitable, ya que si hubiera estado en plenas facultades quizá habría tenido la posibilidad de acertar el golpe.

¿Qué motiva la diferencia en nuestras intuiciones en el primer y el segundo caso?: la evitabilidad como concepto a aplicar en el nivel del diseño, no en el nivel físico. Como se apuntaba más arriba, mientras que en la primera variante no hay espacio para el rediseño del golfista (porque está dando lo mejor de que es capaz), en el segundo hay un espacio importante para el rediseño.

En resumen: según Dennett, gran parte del comportamiento humano no es inevitable porque siempre hay espacio para el aprendizaje, para actualizar la información de nuestra persona y de nuestro entorno, y para actuar de otras maneras. No todo el mundo está de acuerdo con Dennett, pero con sus argumentos al menos podemos ver que no estamos obligados a aceptar la inevitabilidad de aquello que sucede en el mundo. Pasemos a comentar la paradoja del huevo y la gallina.

Como decía la inicio de la entrada, lejos de ser un simple entretenimiento la paradoja del huevo y la gallina es en última instancia una pregunta sobre las causas y los efectos, y sobre el origen de la vida. ¿Tiene respuesta la paradoja? Pues parece que sí: primero fue el huevo.

Se han escrito buenos artículos sobre la resolución del problema, como éste, breve y claro, del diario El Confidencial. También el magazine Verne dedicó un artículo a comentar una lsita de paradojas, entre ellas la del huevo y la gallina. En la mayoría de artículos, la respuesta a favor del huevo se fundamenta en la biología evolutiva. De hecho, el artículo de Verne incluye este vídeo donde el biólogo y famoso divulgador de la evolución Richard Dawkins explica en 30 segundos (en inglés) por qué el huevo fue primero que la gallina.

Y hablando de Richard Dawkins… El blog El Desmitificador tiene una entrada dedicada a la paradoja, en el que utiliza un argumento del propio Dawkins que se incluye en una de sus obras: La magia de la realidad. La obra, como indica el subtítulo, es una pequeña historia de la ciencia de la mano de Dawkins e ilustrada por el reconocido Dave McKean. Aunque puede parecer una obra dirigida al público infantil o juvenil, la amplitud de las cuestiones y el tratamiento riguroso de Dawkins la hace apta para todos los públicos.

LA-MAGIA-DE-LA-REALIDAD-600x450

El argumento de Dawkins no intenta responder a la pregunta sobre el huevo y la gallina, pero sí a una que tiene la misma forma: ¿quién fue la primera persona?

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La respuesta de Dawkins:

Puede que esto te sorprenda, pero nunca hubo una primera persona, porque todas las personas tienen que tener padres, y dichos padres ¡también tienen que ser personas! Lo mismo ocurre con los conejos. Nunca hubo un primer conejo; nunca hubo un primer cocodrilo; nunca, una primera libélula. Todas las criaturas que alguna vez han nacido pertenecían a la misma especie que sus padres […]. Esto significa que todas las criaturas que han nacido alguna vez pertenecían a la misma especie que sus abuelos. Y sus bisabuelos. Y sus tatarabuelos. Y así sucesivamente. (p. 38)

Quizá, como dice Dawkins, la respuesta parezca sorprendente pero es coherente con la manera en que funciona la evolución. Como ya propuso Darwin, los cambios en las especies se producen de manera gradual, poco a poco, de manera que pueden parecer imperceptibles. Aun así, a lo largo de las generaciones los cambios pueden ser enormes. Pero sólo nos damos cuenta de la magnitud de los cambios cuando tenemos en cuenta un gran número de generaciones. En cualquier punto concreto, el cambio de una especie a otra puede ser prácticamente imperceptible. Es por eso que Dawkins comenta que nunca hubo una primera persona, un primer conejo… o una primera gallina. Como se dice en el artículo de El Confidencial:

[…] el primer pollo probablemente no nació de otro pollo, sino que evolucionó de otras razas con características levemente distintas.

Para aclarar la cuestión, Dawkins propone un experimento mental. Imaginemos que tomamos una fotografía nuestra. Sobre la fotografía ponemos una de nuestro padre; sobre ésta, una del padre de nuestro padre, es decir, de nuestro abuelo; sobre ésta, una de nuestro bisabuelo; y así sucesivamente, hasta un total de 185 millones de antepasados.

QUIEN-FUE-LA-PRIMERA-PERSONA-1-600x450

Y ahora, pensemos en esta pregunta: ¿qué aspecto tendría nuestro antepasado número 185 millones? ¿Quizá uu venerable anciano? ¿O más bien un cavernícola? Nada de eso, nos dice Dawkins. Más bien, tendría este aspecto:

ANTEPASADO

Como escribe Dawkins:

Hemos ido sufriendo cambios graduales, que pasito a pasito, uno detrás de otro, han generado un gran cambio. Tú fuiste una vez un bebé y ahora ya no lo eres. Cuando seas mayor volverás a ser distinto. Pero cada día de tu vida, cuando te levantas, eres la misma persona que se fue a la cama la noche anterior. Un bebé se convierte en un niño, después en un adolescente, después en un joven, después en un hombre de mediana edad y después en un anciano. Y el cambio ocurre de forma tan gradual que nunca hay un día que puedas decir “esta persona acaba de pasar de ser un bebé a ser un niño”. Y del mismo modo nunca podrás decir “esta persona ha dejado de ser un niño y se ha convertido en un adolescente”, como tampoco habrá un día en el que puedas decir “ayer este hombre era de mediana edad: hoy es un anciano”. (p. 40)

Claro que no todo el mundo está de acuerdo con el presunto privilegio del huevo. Algunos autores defienden que primero fue la gallina, como podéis ver en este vídeo que también recogía el artículo de Verne.

Si os habéis quedado con ganas de reflexionar sobre otras paradojas curiosas, os recomiendo dos libros idóneos: El gran libro de las paradojas de Michael Clark; y Este libro no existe: aventuras en el mundo de las paradojas, de Gary Hayden Y Michael Picard. También podéis leer este artículo del blog El Cedazo, donde se comentan las paradojas temporales.

LIBROS PARADOJAS-600x450

 

Como toda buena obra de ciencia ficción, Predetination te dejará rascándote la cabeza durante un buen rato. Si eres fan del género, y de los viajes en el tiempo en particular, quizá podrás adelantarte a algunos de los giros de la película. Aun así, el guion tiene momentos que te sorprenderán. Con una fotografía con momentos muy bellos, y un irresistible toque de cine negro, Predestination es una película muy entretenida que te hará reflexionar.

Nota: parte del contenido de este artículo está extraído de un artículo que escribí para otro blog

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