Isaac Asimov: “mi educación real la obtuve en las bibliotecas públicas”

asimov_memorias

Isaac Asimov es sin duda uno de los gigantes de la literatura del siglo XX. Gracias sobre todo a sus obras de ciencia ficción (se considera a Asimov uno de los mejores escritores “clásicos” de este género, junto a Robert A. Heinlein y Arthur C. Clarke). Pero también gracias a su labor de divulgación del conocimiento, con ensayos sobre los más diversos temas (la entrada de la Wikipedia menciona que “sus trabajos han sido publicados en 9 de las 10 categorías del Sistema Dewey de clasificación”). Una tarea que al final de su vida se había concretado (también según la Wikipedia) en “más de 5oo volúmenes y unas 9000 cartas o postales”.

Hacia el final de su vida, Asimov encontró tiempo para escribir su útltimo libro de memorias, una obra de tono intimista y de confidencias con el lector, donde repasa su vida en forma de breves capítulos. En español fue publicada en la edición de bolsillo que aquí os comento por Ediciones B.

Con el ritmo de trabajo frenético que acostumbraba, Asimov anotó en su diario personal el 30 de mayo de 1990 (c0m0 recoge su esposa Janet en el epílogo de la obra):

Ahora todo está listo para entregarlo, ciento veinticinco días después de que lo empezara. No hay mucha gente que pueda escribir doscientas treinta y cinco mil palabras en ese tiempo, mientras además hace otras cosas. (p. 710)

De entre los capítulos que forman la obra, me gustaría deternerme en dos: los capítulos 8 y 9, dedicados a las bibliotecas públicas. Antes de entrar en detalle, un poco de contexto.

Asimov, según el artista Luca Macchiavelli (http://www.arteinvestimenti.it/emergente/luca-macchiavelli/)
Asimov, según el artista Luca Macchiavelli (http://www.arteinvestimenti.it/emergente/luca-macchiavelli/)

Asimov nació en Rusia, en 1920, pero sus padres emigraon a Estados Unidos en 1923. Su padre tuvo la oportunidad de recibir una educación completa en el contexto del judaísmo ortodoxo, lo que le permitió trabajar como contable en el negocio familiar. Una suerte distinta a la de su madre, que aunque contaba con una educacion básica carecía de estudios más avanzados, a pesar de lo cual pudo trabajar como cajera en el también negocio familiar (otra muestra de la discriminación que han padecido las mujeres a lo largo de la historia).

Para el padre y la madre de Asimov, todo cambió cuando emigraron. Asimov recuerda sobre su padre que tuvo que pasar de disfrutar de una cierta posición social y cultural a adaptarse a los más diversos trabajos. Tras tres años, el padre de Asimov ahorró el suficiente dinero como para pagar la entrada de una pequeña tienda de caramelos. El sacrificio para la madre de Asimov consistió en la crianza de tres hijos (Asimov era el mayor) y en trabajo sin descanso en la tienda familiar.

Aunque el padre y la madre de Asimov llegaron a Estados Unidos sin poder leer ni escribir inglés, Asimov aprendió a leer antes de ir a la escuela ( su ingreso se produjo en 1925, cuando el escritor tenía cinco años). Y lo hizo solo:

Incitado por el descubrimiento de que mis padres todavía no sabían leer inglés, me dediqué a pedir a los niños mayores del barrio que me enseñaran el alfabeto y cómo se pronunciaba cada letra. Después empecé a pronunciar todas las palabras que econtraba en los rótulos y en cualquier otra parte y así aprendí a leer casi sin ayuda de nadie. (p. 15)

Una azaña intelectual, sin duda, y uno de los motivos por los que Asimov nunca tuvo reparos en calificarse como un niño prodigio.

Su temprano aprendizaje lector permitió a Asimov adquirir un nivel de lectura muy superior al de sus compañeros. Sus libros escolares duraban poco en sus manos: los terminaba en las primeras semanas de curso. El pequeño Asimov se encontró con una buena capacidad lectora pero sin nada que leer. Su padre no le permitía leer el material de lectura que había en su tienda (“Le parecía que era basura”, dice Asimov). ¿Qué hacer pues?:

Mi padre me sacó el carné de la biblioteca y periódicamente mi madre me acompañaba allí. La primera vez en mi vida que se me permitió ir solo a alguna parte fue a la biblioteca, después de que mi madre se hartara de acompañarme. (p. 42)

Para Asimov, que sus padres no pudieran acompañarle a sus visitas a la biblioteca fue un giro afortunado del destino:

Yo era libre. Mi padre dio por sentado que cualquier columen que estuviese en una biblioteca pública era adecuado para leer, así que no intentó supervisar las obras que pedía prestadas. Y yo, sin ninguna guía, cogía de todo. (p. 42)

Las lecturas de biblioteca que Asimov cita en sus memorias dan fe de su gusto omnívoro: desde los clásicos de Shakespeare, pasando por las grandes obras de ficción (Dumas, Dickens, Sue), pasando por revistas infantiles y libros de historia, hasta una biografía de Thomas Edison que Asimov cree que fue su primera introducción al mundo de la ciencia y la tecnología. En global:

Eran lecturas muy diversas y ni siquiera puedo decir cuántos campos abarcaban, ni lo absurdas que deben de haber parecido a otras personas. (p. 46)

Tal vez parecieran absurdas a ojos de los demás, pero para Asimov esa diversidad tuvo un efecto inmenso:

Toda esa lectura tan sumamente diversa, resultado de no tener a nadie que me guiara, dejó su marca indeleble. Hizo que me gustaran veinte cosas diferentes y que este interés permaneciera. He escrito libros sobre mitología, la Biblia, Shakespeare, historia, ciencia y muchas otras cosas. (p. 48)

Las bibliotecas públicas jugaron, pues, un papel fundamental en la vida de Asimov. El escritor lo reconoce de una manera muy bella:

Recibí las bases de mi educación en la escuela, pero esto no fue suficiente. Mi educación real, la superestructura, los detalles, la verdadera arquitectura, la obtuve en las bibliotecas públicas. Para un niño pobre cuya familia no se podía permitir comprar libros, la biblioteca era una puerta abierta hacia las maravillas y el éxito y nunca podré estar lo bastante agradecido por haber tenido el buen juicio de atrevasar esa puerta y sacar el mejor partido de ello. (p. 48)

Esa conciencia de la importancia de las bibliotecas públicas para la vida de mucha gente también hizo escribir a Asimov:

En la actualidad, cuando leo constantemente que los fondos para bibliotecas se recortan cada vez más, lo único que se me ocurre es que la puerta se está cerrando y la sociedad estadounidense ha encontrado otro modo más de destruirse a sí misma. (p. 48)

No sólo las bibliotecas fueron el pilar de la educación de Asimov, sino que también constituyeron una fuente de felicidad. Asimov se recuerda a sí mismo como un niño poco interesado en las actividades de los demás niños del barrio, pero sin aflicción: “Tenía mis libros y prefería leer” (p. 51)

Así, Asimov se recuerda como el clásico “ratón de biblioteca”. Vale la pena citar en extenso lo que para el escritor significó aquella disposición suya:

A los que no lo son [ratones de biblioteca], les puede resultar extraño que alguien se pase el día leyendo, dejando que la vida con todo su esplendor pase inadvertida, malgastando los despreocupados días de la juventud y perdiéndose la maravillosa interacción entre el músculo y los tendones. Puede parecer que eso tiene algo de triste, incluso de trágico, y uno podría preguntarse qué impulsa a un joven a hacer algo así.

Pero la vida es fantástica cuando uno es feliz; la interacción entre el pensamiento y la imaginación es muy superior a la de músculos y tendones. He de decir, si usted no lo sabe por propia experiencia, que leer un buen libro, embebido en el interés de sus palabras y pensamientos, produce en algunas personas (en mí, por ejemplo) una increíble sensación de felicidad.

Si quiero evocar la paz, la serenidad y el placer, pienso en mí mismo durante esas tardes de verano perezosas, con la silla apoyada contra la pared, el libro en el regazo y pasando las páginas suavemente.

En determinadas épocas de mi vida ha habido ocasiones de mayor éxtasis, grandes momentos de satisfacción y triunfo, pero por lo que respecta a una felicidad tranquila y reposada, nunca nada que se pueda comparar con esto. (pp. 51 – 52)

 

Aunque sin duda las bibliotecas públicas han cambiado mucho desde que Asimov era niño, y muchos cambios quedan aún por llegar. Pero las bibliotecas siguen manteniendo intacto el poder para cambiar las vidas de las personas, de maneras aparentemente pequeñas, pero que en realidad pueden ser tan inconmensurables como el espacio tantas veces imaginado por el gran Isaac Asimov.

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