Los límites de la comunicación, según un poema de Charles Bukowski

guerra sin cesar

Los humanos nos relacionamos con nuestro entorno dando un rodeo: no lo absorbemos, sino que más bien lo interpretamos. Y lo hacemos según nuestro conocimiento previo de las situaciones o de las cuestiones, pero también según nuestros intereses personales y nuestro estado emocional. Es por eso que una actividad básica para las personas, la comunicación, puede resultar tan complicada y frustrante.

Inesperadamente

me telefoneó desde un estado
lejano:
– nunca podía discutir contigo – me
dijo-,
te limitabas a largarte.
mi marido no es así,
lo tengo siempre pegado.
me maltrata.

– nunca he creído en las discusiones – le
dije -, no hay nada que
discutir.

– te equivocas – me dijo -, deberías intentar
comunicarte.

– “comunicarse” es una palabra trillada como
“amor” – le dije.

– pero, ¿no crees que dos personas pueden
“amarse”? -, me preguntó.

– no si intentan “comunicarse” – le
respondí.

– estás hablando como un gilipollas – me
dijo.

– estamos discutiendo – le
dije.

– no – respondió -, estamos intentando
comunicarnos.

– tengo que irme – le dije, y colgué,
luego desconecté
el teléfono.
miré el aparato.
lo que no entendían era que
a veces no había nada que
salvar
aparte de la justificación personal de un
punto de vista personal
y que ésa sería la causa
del blanco fogonazo cegador
un día de estos.

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