El conservacionismo y el mito del entorno prístino

conservacionismo

Los seres humanos estamos causando una destrucción de gran parte de nuestro planeta, ya sea por medios directos o indirectamente. Este hecho ha dado pie a un buen número de iniciativas que abogan por restaurar los ecosistemas a su estado anterior a la degradación por el ser humano.

No obstante, puede que estos proyectos estén sesgados y no exista algo así como un estado anterior a la acción del Homo sapiens. Eso es lo que propone un artículo publicado en PNAS y reseñado en Smithsonian Magazine.

Según declaraciones de Melinda Zeder, co-autora del proyecto, y que recoge Smithsonian:

La idea de intentar restaurar las cosas a un estado prístino no es posible. […] Los humanos somos parte de la naturaleza. […] Las maneras en las que modificamos la naturaleza forman parte de los comportamientos heredados de otras especies. Fijaos en lo que hacen los castores, o las hormigas. Manipular el entorno de una manera favorable. Los humanos somos los constructores de nichos definitivos.

The idea of trying to restore things to a pristine state is not possible […] Humans are very much a part of nature […]. The ways in which we modify nature are part of a package of behaviors that we inherited from other species. Look at what beavers do, or what ants do. Manipulating the environment in a way that is favorable. Humans are the ultimate niche constructors.

El artículo intenta rebatir la idea de que la transformación a gran escala del entorno por parte de los humanos comenzó con la revolución industrial: según los autores, la transformación masiva de los entornos habría comenzado en el Pleistoceno.

Como comenta Smithsonian Mag, el trabajo de Zeder y colaboradores tiene dos implicaciones importantes. En primer lugar, supone un incentivo para reevaluar las estrategias de conservación de hábitats llevadas a cabo por gobiernos y otras organizaciones. Y es que si la transformación de los hábitats por el ser humano lleva en marcha mucho más tiempo de lo que creemos, entonces…

El estado de un bosque americano en 1491 o de una tundra en 1900 no es necesariamente un buen lugar al que regresar. “Es realmente difícil saber qué especies son invasivas y cuáles son indígenas”, comenta Zeder. “Algunas de las que creemos que son indígenas podrían ser las invasivas de ayer”.

The state of an American forest in 1491 or a tundra in 1900 is not necessarily a good point to try to return to. “It is really hard to know what are invasive species and what are indigenous species,” Zeder says. “Some of what we think of as indigenous are yesterday’s invasives.”

La segunda implicación es más filosófica, aunque relacionada con la primera:

“Existe el mito de que hay algo prístino en el pasado reciente o en el presente que podemos estudiar y restaurar” dice [Torben Rick, antropólogo no involucrado en el trabajo]. “Eso es un mito. Siempre hemos sido parte de nuestro entorno. Siempre lo hemos impactado. Prístino no es realista. ¿Cuál es el equilibrio que queremos? ¿Qué entorno queremos restaurar?

There is this myth of something pristine in the recent past or present that we can study and work back towards,” says Rick. “That’s really a myth that there is anything pristine. We’ve always been a part of our environment. We’ve always impacted it. Pristine is not realistic. What’s the balance that we want? What environment do we want to restore?

Consulta el artículo original o la reseña de Smithsonian para obtener más información de sus ideas e implicaciones.

 

Da que pensar: A la naturaleza la rodean un buen montón de mitos. Desde un supuesto equilibrio natural, hasta una especie de bondad intrínsecas, pasando por la harmonía y la bondad. Un conjunto de mitos que el biólogo Arcadi Navarro en su libro Contra natura llamó biocentrismo. Para Navarro el biocentrismo está presente en un buen número de ámbitos, como la ciencia (cuando se discuten hipótesis como la de Gaia, o se habla de “medicina alternativa”), la política (en las discusiones sobre la contaminación o la gestión de recursos), e incluso la gastronomía (en el rechazo a los productos transgénicos).

Navarro dedica su libro a rebatir los diversos mitos asociados al biocentrismo. Sus argumentos son interesantes y están llenos de curiosidades sobre el mundo natural. Pero lo destacable en lo que hace a este artículo son las intenciones que mueven a Navarro:

Simplemente, sostengo que las buenas causas necesitan buenos argumentos. Usar medias verdades o directamente mentiras para defender, por ejemplo, la necesidad de incrementar la cantidad de legumbres en nuestras dietas o la conveniencia de la reducción en el uso de combustibles fósiles es, a la larga, perjudicial para la causa que se defiendo. Pienso, en definitiva, que se necesita una comprensión adecuada del Universo para aprender a vivir mejor en él. (p. 27)

Simplement, sostinc que les bones causes necessiten bons arguments. Usar mitges veritats o directament mentides per defensar, per exemple, la necessitat d’incrementar la quantitat de llegums a les nostres dietes o la conveniència de la reducció en l’ús de combustibles fòssils, és, a la llarga, perjudicial per a la causa que es defensa. Penso, en definitiva, que cal una comprensió adequada de l’Univers per tal d’aprendre a viure-hi millor. (p. 27)

Justo lo que proponen Zeder y sus compañeros de investigación: una correcta comprensión de la naturaleza, alejada de mitos, no sólo supone un gozo intelectual en sí mismo, sino que es realmente importante si queremos defender y cuidar de nuestro planeta.

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