¿Está muerta la Gramática Universal de Chomsky?

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El lenguaje es una capacidad extraordinaria del ser humano, aunque no siempre ha recibido la atención que se merece. Así, hasta la década de 1950, no hubo un intento serio de comprender por qué los seres humanos somos capaces de comprender, aprender y generar lenguaje desde edades bien tempranas. Dicho intento vino de la mano de Noam Chomsky, que propuso un mecanismo que sería la base de estas habilidades lingüísticas: la gramática universal (GU).

Según Chomsky, la GU serían una serie de reglas básicas sobre las que se construirían la variedad de lenguajes humanos existentes. Las reglas lingüísticas que crean los lenguajes humanos serían las mismas, lo que variaría sería la expresión externa de las mismas.

La propuesta de Chomsky tiene grandes ventajas. Permite explicar por qué, como apuntaba arriba, los bebés pueden aprender los más variados idiomas casi sin esfuerzo: en palabras de Steven Pinker, el lenguaje sería un “instinto” humano, para el cual estamos dotados desde que nacemos. Además, explica por qué los bebés aprenden su idioma casi sin enseñanza explícita (los progenitores no enseñan los fundamentos gramaticales de su lenguaje a sus progenitores): simplemente, el lenguaje se desarrolla a medida que las normas subyacentes de la GU se van poniendo en práctica.

Pero la idea de la GU no está exenta de problemas. Las controversias sobre la GU se han ido recrudeciendo en estas décadas, a medida que han surgido otras propuestos que compiten con la de Chomsky por explicar la capacidad lingüística humana, o a medida que nuevos estudios han puesto en duda aspectos concretos de la GU. Tanto es así, que el lingüista Vyvyan Evans llegó a declarar en Aeon Magazine en el año 2014 que la GU es un mito injustificado. El ensayo en Aeon recoge las ideas principales del libro de Evans The Language Myth: Why Language Is Not an Instinct .

Según Evans, nadie discute el hecho de que nuestra especie está indudablemente capacitada para el lenguaje. Nuestro cerebro está dotado para esta capacidad en diferentes sentidos: posee memoria de trabajo para procesar la sintaxis, y un córtex prefrontal para el aprendizaje asociativo que permite utilizar símbolos. También nuestro cuerpo está dotado para el lenguaje: la laringe está situada más abajo que en las otras especies de homínidos, lo que permite expeler y controlar el paso de aire; la posición del hueso hioideo en la mandíbula nos permite tener un fino control muscular sobre la boca y la lengua, permitiéndonos articular un amplio abanico de sonidos.

Así pues, lo que se discute no es la habilidad innata humana para aprender y desarrollar lenguajes, sino la idea de que esa capacidad se basa en un juego de reglas gramatcicales innato. Los principales problemas que Evans achaca a la GU se pueden resumir como sigue:

La primera controversia se encuentra en la definición misma del lenguaje como un instinto. Un instinto, dice Evans, es una disposición innata hacia cierto tipo de comportamiento adaptativo, sin que sea necesario el entrenamiento para que el comportamiento se desarrolle. No parece que el lenguaje responda a este requisito, como parecerían mostrar los casos bien documentados de niños que no fueron expuestos a un lenguaje: sin la exposición, dichos niños no desarrollaron ningún lenguaje en absoluto.

Los mayores problemas para la GU van más allá de una cuestión de definición. Por ejemplo: si las reglas básicas innatas para la construcción de los lenguajes fuesen las mismas, podríamos esperar que los lenguajes fuesen iguales en algún nivel. Pero no parece ser eso lo que se ha descubierto. Más bien, se ha hallado una gran variabilidad en los lenguajes hablados, en cuestiones como:

  • el número de sonidos que se utilizan
  • el orden de las palabras que se refieren a verbo, sujeto y objeto
  • la presencia o ausencia de clases de palabras, como nombres, verbos, adjetivos, adverbios,…
  • la presencia de categorías gramaticales especiales, como la ideofonía (utilizada para enfatizar las narraciones)

Resume Evans:

Qué extraño, si hubiera un elemento común a todos los lenguajes humanos, que estuviera oculto bajo esta desconcertante profusión de diferencias.

How strange, if there is a common element to all human language, that it should be hidden beneath such a bewildering profusion of differences.

Dada esta diversidad, con los años la idea de unos componentes universales del lenguaje se ha ido matizando. Así, en 2002 Chomsky propuso que quizá la única característica verdaderamente común al lenguaje humano sea la recursividad. La recursividad permite ordenar las palabras y las unidades gramaticales para formar frases que son potencialmente infinitas (por ejemplo: La tienda, la cual está en Petticoat lane, que está cerca de Gherkin, la cual está…. [The shop, which is on Petticoat lane, which is near the Gherkin, which…]).

No obstante, parece que los humanos no somos los únicos que poseemos recursividad. Así, se ha propuesto que el estornino europeo también presenta la habilidad de la comunicación recursiva. Más problemático aún es el hecho de que no está claro que todas las lenguas humanas presenten recursividad: así, Daniel Everett mantiene que el idioma de los Pirahä, una tribu amazónica, no utiliza la recursividad, cosa que según Evans:

sería muy extraña si la gramática realmente estuviera programada en el cerebro humano.

This would be very strange indeed if grammar really was hard-wired into the human brain.

El tipo de aprendizaje del lenguaje defendido por la GU, directo, casi sin esfuerzo y con poca instrucción, también ha sido criticado. Según la GU, los niños aplicarían de manera inconsciente las reglas gramaticales innatas a todas las situaciones lingüísticas comparables (por ejemplo, escuchar el uso del artículo definido para acompañar a un nombre debería inducir al niño a utilizar el artículo definido con todos los nombres). Pero los estudios de psicolingüística del desarrollo parecen contradecir esta idea: más bien, los niños parecen aprender la gramática por pasos, y no gracias a aplicaciones directas de reglas:

Por ejemplo, en el caso de sistema inglés de artículos, durante un largo periodo los niños aplicarán un artículo particular (por ejemplo, el) sólo a aquellos nombres a los cuales se lo hayan escuchado aplicar antes. Será sólo más tarde cuando los niños expandan lo que han oído, aplicándolo gradualmente los artículos a un grupo de nombres más amplio.

For instance, focusing on the use of the English article system, for a long time they will apply a particular article (eg, the) only to those nouns to which they have heard it applied before. It is only later that children expand upon what they’ve heard, gradually applying articles to a wider set of nouns.

De esta manera, resume Evans:

Las “reglas” no se aplican en saltos indiscriminados, como sería de esperar si realmente existiera un patrón innato para la gramática. Parece que construimos nuestro lenguaje detectando patrones en el comportamiento lingüístico que hallamos, no aplicando reglas prefijadas. Con el tiempo, los niños lentamente averiguarán cómo aplicar las diferentes categorías con las que se topen. Así, mientras que la adquisición del lenguaje pueda ser asombrosamente rápida, no es en absoluto automática: surge de un difícil proceso de ensayo y error.

‘Rules’ don’t get applied in indiscriminate jumps, as we would expect if there really was an innate blueprint for grammar. We seem to construct our language by spotting patterns in the linguistic behaviour we encounter, not by applying built-in rules. Over time, children slowly figure out how to apply the various categories they encounter. So while language acquisition might be uncannily quick, there isn’t much that’s automatic about it: it arises from a painstaking process of trial and error.

Evans retoma la crítica al concepto del lenguaje como un instinto, pero en esta ocasión considerando las implicaciones cerebrales y neuronales de la idea. En concreto, si el lenguaje fuese un instinto, comenta Evans, sería de esperar que pudiéramos hallar un área del cerebro dedicada en exclusiva al lenguaje. Si bien se había supuesto que la denominada área de Broca podría ser esa área especial, hoy en día es una cuestión controvertida: el área de Broca también participa en otros procesos motores no lingüísticos. Además, aspectos del conocimiento y del procesamiento lingüístico se llevan a cabo en diferentes zonas del cerebro. Así:

Mientras que el cerebro humano presenta especialización para el procesamiento de diferentes tipos de información, como la visión, no parece que haya una zona especializada dedicada en exclusiva al lenguaje.

While the human brain does exhibit specialisation for processing different genres of information, such as vision, there appears not to be a dedicated spot specialised just for language.

Tampoco parece que haya un tipo de procesamiento neuronal que sea único para el lenguaje. Para apoyar esta posibilidad, se habían alegado los casos de individuos con capacidades lingüísticas normales pero con capacidades cognitivas degradadas, o vice versa, fenómenos que parecerían mostrar que hay una independencia entre facultades verbales y no verbales. Esa disociación parecía expresarse en diferentes patologías, que se presentaban como prueba de un procesamiento neuronal específico del lenguaje. Pero estas patologías se han reinterpretado, mostrando que los déficits verbales están basados en otras causas:

Por ejemplo, algunos niños sufren de lo que se conoce como Trastorno específico del lenguaje (TEL) – su intelecto general parece normal pero tienen dificultades con tareas verbales particulares, como el trabarse con ciertas reglas gramaticales. […] el TEL es de hecho sólo la incapacidad para procesar detalles auditivos finos. En otras palabras, es una consecuencia de un déficit motor, en lugar de un déficit lingüístico específico.

For example, some children suffer from what is known as Specific Language Impairment (SLI) – their general intellect seems normal but they struggle with particular verbal tasks, stumbling on certain grammar rules and so on. […] SLI is really just an inability to process fine auditory details. It is a consequence of a motor deficit, in other words, rather than a specifically linguistic one.

Si bien estas argumentos sugieren que no hay un órgano específico para el lenguaje, también se puede argumentar que no podría haberlo:

Para escribir algo tan detallado y específico como el conocimiento de una Gramática Universal en un cerebro infantil se necesitaría una enorme cantidad de recursos informacionales – recursos que nuestro DNA no puede proporcionar. Así que la premisa básica de que el lenguaje es un instinto – que algo así podría ser transmitido genéticamente – parece dudosa.

To write something as detailed and specific as knowledge of a putative Universal Grammar inside a human infant’s brain would use up huge informational resources – resources that our DNA just can’t spare. So the basic premise of the language instinct – that such a thing could be transmitted genetically – seems doubtful.

Una última fuente de crítica está relacionada con las implicaciones evolutivas de la aparición de la GU. Cuando Chomsky desarrollaba su teoría, parecía que nuestra especie era la única especie de homínidos que presentaba lenguaje. Po este motivo, Chomsky argumentó que el lenguaje debería haber aparecido tarde en nuestra historia evolutiva, hace unos 100.000 años, como producto de una mutación genética.

Esa idea de una macromutación parece ir en contra de lo que hoy sabemos sobre el funcionamiento de la evolución por selección natural, en la que prácticamente se descarta la aparición de grandes cambios adaptativos por mutaciones puntuales. Por si esto fuera poco, el lenguaje es una capacidad comunicativa, y eso implica una paradoja en la idea de la macromutación:

[…] el lenguaje no podría haber evolucionado para el propósito de la comunicación: al fin y al cabo, incluso si un gen para la gramática hubiera aparecido de la nada en un individuo afortunado […], las probabilidades de que se hubiera dado la misma mutuación afortunada en dos individuos, exactamente en el mismo momento, es incluso menos creíble. Así pues, de acuerdo con la teoría del lenguaje como instinto, el primer humano equipado para el lenguaje presumiblemente no tuvo a nadie con quien hablar.

language couldn’t have evolved for the purpose of communication: after all, even if a grammar gene could have sprung up out of the blue in one lucky individual (already vanishingly unlikely), the chances of two individuals getting the same chance mutation, at exactly the same time, is even less credible. And so, according to the theory of the language instinct, the world’s first language-equipped human presumably had no one to talk to.

En los últimos años también se ha puesto en duda que el Homo sapiens fuera el único homínido con capacidad para el lenguaje. Ahora se argumenta que los Neandertales también podrían disponer de lenguaje. Incluso se cree que el Homo sapiens y los neandertales podrían haberse cruzado reproductivamente, dado que la mayoría de humanos modernos presentamos fragmentos de DNA neandertal, y esa reproducción cruzada quizá implicaría que humanos y neandertales pudieron comunicarse.

 

Da que pensar: Tras este amplio abanico de argumentos, concluye Evans:

Finalmente, en el siglo XXI, tenemos la oportunidad de tirar por la borda el mito de la Gramática Universal, y comenzar a ver este aspecto único de nuestra humanidad [,el lenguaje,] tal y como realmente es.

At last, in the 21st century, we are in a position to jettison the myth of Universal Grammar, and to start seeing this unique aspect of our humanity as it really is.

A pesar de los buenos argumentos que aporta, parece que se tardará más de lo que desearía Evans en desechar la GU. Y es que algunos de los puntos mencionados son así mismo objeto de controversia. Por ejemplo, Michael Corballis argumenta que no se ha podido mostrar convincentemente que los estorninos posean la recursividad que los humanos podemos ejecutar. También Corballis argumenta que la variabilidad externa de las lenguas puede ser sólo eso, externa, y que las diferencias aún podrían explicarse como desviaciones ambientales de unos patrones básicos internos.

La GU ha proporcionado un marco para impulsar la investigación sobre el lenguaje, cosa que el conductismo que imperaba en la época de Chomsky se negaba a hacer (al considerar únicamente el comportamiento externo, y no los procesos mentales). Como toda gran teoría científica que se precie, es de suponer que sus postulados sigan poniéndose en duda y revisándose, a medida que diversos trabajos nos hagan avanzar en nuestra comprensión del lenguaje. Y, al menos en este sentido de confrontación, la GU sigue proporcionando el estímulo para profundizar de una manera dirigida en el estudio del lenguaje. Así, como comenta Corballis:

Quizá la cuestión […] no es tanto si la gramática universal está muerta, sino si tiene la suficiente vitalidad como para ser útil.

Perhaps the question, then, is not so much whether universal grammar is
dead, but whether it has sufficient vitality to be useful.

 

La imagen de cabecera es la ilustración original del artículo de Evans, creada por Matt Murphy.

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