¿Leer por placer nos hace mejores lectores?


Una de las ideas más difundidas sobre la lectura, y apoyada por los educadores, es la necesidad de potenciar en los niños la lectura por placer para mejorar la competencia lectora en el tiempo: así, leer más sería un medio para leer mejor.

Pero aunque esta relación rara vez se discute, el hecho es que no está claro si se cumple esta relación causa-efecto: es decir, podría ser que la independencia lectora (leer por placer) lleve al logro lector (leer mejor) pero también podría ser que los niños que son mejores leyendo simplemente leen más.

Pues bien: un estudio parece confirmar que la independencia lectora tiene un efecto limitado sobre el logro lector: así pues, leer más no siempre mejora la competencia lectora.

El estudio, llevado a cabo por investigadores de cuatro universidades de EEUU, utilizó una muestra de 436 pares de gemelos de 10 años de edad, a los que se volvió a examinar un año más tarde (cuando contaban con 11 años).

El logro lector de los gemelos fue estimado utilizando mediadas como el reconocimiento de palabras o la comprensión lectora. El grado de independencia lectora fue estimado preguntado a los gemelos cuál era su motivación hacia la lectura, así como preguntando a sus padres cuán a menudo leían sus hijos por placer.

Con el análisis estadístico de los datos, los investigadores comprobaron que el logro lector a los 10 años influencia el grado de independencia lectora a los 11 años, sin que este hecho se viera afectado por cuánta lectura independiente llevara a cabo los gemelos. Pero no se daba el efecto inverso, es decir: la independencia lectora a los 10 no mejoraba el logro lector a los 11 años.

Además, las diferencias individuales en el grado de independencia lectora a los 11 años en parte reflejan la influencia genética sobre el logro lector a los 10 años. Dicho en otras palabras: la influencia genética sobre el logro lector a los 10 años contribuía a potenciar las diferencias individuales observadas en el grado de lectura independiente a los 11 años.

Esta influencia parece sugerir que aquellos niños más proclives genéticamente hacia la lectura, buscarían activamente más oportunidades para la lectura libre; y al contrario: los niños con un riesgo genético de dificultad lectora estarían menos interesados en estas actividades de lectura independiente.

Aunque esta última idea puede sonar al peor determinismo genético, está bien fundada: hace unos años, los autores realizaron otro estudio sobre gemelos de 9 años de edad en el que comprobaron que la descodificación fonológica, el reconocimiento de palabras, la comprensión auditiva, el vocabulario y la comprensión lectora eran habilidades debidas a la influencia genética.

Aún así, como comenta una de las investigadoras, Nicole Harlaar, los resultados del estudio no niegan la importancia de otros aspectos de la lectura independiente que no son considerados en el estudio, y que podrían ser muy importantes para el logro lector, como podrían ser el volumen de lectura o la capacidad de las lecturas para motivar a los niños.

Créditos:

Imagen de KOMONew’s

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