¿Por qué hay gente que no cree en la teoría de la evolución?

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A pesar de que la teoría de la evolución por selección natural de Charles Darwin es un éxito del pensamiento científico, y a pesar de los miles de trabajos que muestran lo acertado de las predicciones de Darwin, parece que cuesta que el público general acepte que la evolución por selección natural es un hecho. Y eso aun cuando la verdad de la evolución tiene importantes implicaciones para la vida humana: desde las relaciones entre los sexos, hasta la explicación de la violencia, pasando por los límites de la cooperación. ¿Por qué esta resistencia?

Tania Lombrozo, en npr.org , dedica un post a comentar esta cuestión. Dice Lombrozo que, a día de hoy, los investigadores han hallado una variedad de tendencias psicológicas humanas que conspiran para hacer que la selección natural sea aversiva y difícil de entender, haciendo del creacionismo una alternativa más atractiva:

Por ejemplo, la gente tiende a preferir explicaciones que ofrecen certidumbre y un sentido de propósito cuando consideran sus vidas o el diseño del mundo natural, y encuentran más fácil reflexionar sobre teorías que involucran categorías biológicas con límites claros […]

Y, como escribe Lombrozo, ésas son cuestiones que son desafiadas por la selección natural.

Esas tendencias son comunes a todas las personas. Entonces, se pregunta Lombrozo, ¿qué hace que unas personas concretas acepten la evolución, y otras no?

La autora menciona un trabajo de investigación reciente, llevado a cabo por Will Gervais y publicado en la revista Cognition . Según Gervais, los individuos que tienen un estilo de pensamiento analítico, que implica una deliberación más explícita, tienden a aceptar la evolución más que aquellos individuos que presentan un pensamiento intuitivo, que implica realizar juicios más inmediatos.

Da que pensar: Dice Lombrozo que resultados como los que reseña en su post muestran que la evolución no es controvertida por motivos científicos, sino que también influyen motivos psicológicos. Esta idea deja gran parte de la responsabilidad de la correcta comprensión de la evolución de los ciudadanos a las instituciones públicas: desde los colegios hasta las bibliotecas y los museos, tienen la tarea de idear formas cada vez mejores y más accesibles de hacer llegar la selección a la gente, para mostrarles que lejos de ser “solo una teoría”, la selección es un hecho indiscutible de la ciencia moderna.

Cómo no, las personas también tenemos una responsabilidad para con la manera en que nos relacionamos con el mundo, y evaluamos nuestras creencias. Como decía en un post anterior, con la cantidad de portales, blogs y libros dedicados al pensamiento crítico, no hay excusa para un pensamiento perezoso.

Una buena manera de comenzar a mejorar nuestro pensamiento crítico puede ser comprender cómo se origina la desinformación, y cómo podemos combatirla. La selección natural es objeto de ataques que en buena medida se aprovechan de los mecanismos por los que se difunde la desinformación. Un artículo de John Cook, Stephan Lewandowsky y otros llamado Misinformation and Its Correction: Continued Influence and Successful Debiasing , que reseñé hace tiempo en otro lugar, nos ofrece las claves de la desinformación.

Los autores identifican una serie de procesos cognitivos que afianzan las desinformaciones:

  • Las personas tendemos a crear modelos mentales sobre cómo funciona el mundo: si la correción de una información falsa que forma parte de un modelo mental crea un “gap” en ese modelo, podemos tender a mantener el modelo que ya nos habíamos formado para así mantener su coherencia
  • Podemos retener una información pero no recordar exactamente dónde la obtuvimos (lo que se conoce como amnesia de fuente): así, podría ser que atribuyamos la procedencia de una información (falsa) a una fuente que normalmente es objetivamente creíble
  • Las historias coherentes son procesadas y recordadas más facilmente: no obstante, que una historia sea coherente no quiere decir que sea correcta
  • El fenómeno de la reactancia: por regla general, a las personas no nos gusta que nos digan qué tenemos que hacer o pensar, por lo que puede darse un rechazo hacia la corrección (especialmente cuando esta proviene de fuentes con autoridad)
  • Las creencias preexistentes: nuestras ideologías particulares pueden afectar al grado de verdad que atribuimos a una información falsa una vez que ésta ha sido corregida (incluso pueden llegar a reforzar nuestra creencia en la información falsa)
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