Libres, a pesar de todo: Daniel Dennett y el libre albedrío

la evolucion de la libertad

El determinismo, la idea de que todo está determinado por causas y efectos, no es una amenaza para la libertad de elección: la evolución ha fomentado que podamos ser responsables de nuestras acciones.

Hay ideas que para algunas personas tienen implicaciones muy inquietantes. El determinismo es una de estas ideas. Según el determinismo, todo suceos es causado por algún otro suceso, siguiendo una cadena de causa y efecto. Así pues, partiendo de un estado inicial de cosas, sólo hay un único futuro posible, un resultado inevitable, determinado por las causas y los efectos.

El determinismo se aplica al mundo físico, y la ciencia nos ha enseñado que aquello que pasa dentro de nuestro cerebro también es físico: neuronas, impulsos nerviosos, neurotransmisores y otras moléculas que crean nuestros pensamientos, nuestras emociones, interaccionando según causas y efectos. Si el determinismo es cierto, entonces todo aquello que sucede en el Universo, incluidos nuestros pensamientos, tiene un único futuro posible, unas consecuencias fijas e inevitables.

Vistas así las cosas, hay quien cree que el determinismo pone en peligro una noción básica para el ser humano: el libre albedrío, la capacidad para ejercer con libertad nuestras acciones. Y es que, si el cerebro está determinado, ¿dónde está la libertad? Si, según el determinismo, sólo hay un estado de cosas posible, un futuro inevitable, ¿estoy realmente eligiendo lo que quiero hacer? Y si en realidad no estoy escogiendo libremente lo que quiero hacer, ¿tenemos algún tipo de responsabilidad sobre nuestras acciones?

El filósofo Daniel Dennett no está nada preocupado por el determinismo.Y es que, según nos explica en La evolución de la libertad, el determinismo no es incompatible con la libertad que los humanos apreciamos: la libertad para actuar y responsabilizarnos de nuestras acciones.

Dennett nos dice en el prólogo que su obra es el resultado de un trabajo de más de treinta años. Dennett cree que:

[…] una comprensión realista de la libertad puede clarificar algunas de nuestras ideas sobre la culpa y el castigo, y calmar algunas de nuestras inquietudes respecto a lo que llamo el Espectro de la Exculpación (¿Va a demostrar la ciencia que nadie merece un castigo? ¿O un elogio por la misma razón?) También puede ayudar a reevaluar el papel que debe desempeñar la educación moral, y tal vez explicar incluso el importante papel que en el pasado han desempeñado las ideas religiosas para el sostenimiento de la moral dentro de la sociedad […] (p. 37)

En esta reseña, comentaré en qué se basa esta “comprensión realista” que defiende el filósofo.

Dennett es un darwinista convencido. De hecho, escribió uno de los mejores libros sobre las implicaciones filosóficas del darwinismo, La peligrosa idea de Darwin. Según la teoría de la evolución por selección natural, hay organismos que sobreviven mejor porque están mejor adaptados al ambiente. Esta mejor adaptación puede venir dada por diferentes motivos: quizá sea una mayor eficiencia en el aprovechamiento de los recursos, o una mejor capacidad defensiva frente a los depredadores, o… Los trucos de la naturaleza parecen no tener límite. Y uno de los trucos más impresionantes que permite a los organismos sobrevivir es el aprendizaje. Gracias a esta capacidad, los organismos pueden interactuar con el ambiente, detectar patrones y predecir aspectos del futuro. En suma, gracias al aprendizaje los organismos pueden evitar consecuencias.

Es así como el uso de la información y la predicción que supone permite a los organismos cierta libertad de acción. El aprendizaje se presenta en diversos grados en la naturaleza, y por tanto también lo hace la libertad. El ser humano es una criatura notable por su capacidad de aprendizaje, y por tanto por su libertad de acción. Dennett lo expresa de una manera muy lírica:

Hoy somos unos virtuosos de la evitación, la prevención, la interferencia y la anticipación. Hemos logrado llegar a la feliz situación de disponer del suficiente tiempo libre para examinar metódicamente el futuro y preguntarnos qué hacer a continuación. Exprimimos cada gota de información que podemos del mundo, y luego la moldeamos hasta construir asombrosas y novedosas perspectivas sobre lo que ha de venir. ¿Y qué es lo que vemos? Vemos algunas coses inevitables, aunque nuestra lista se acorta cada semana que pasa. Antes no podíamos hacer nada para evitar los maremotos, o las epidemias de gripe, o los huracanes (todavía no podemos desviarlos, pero disponemos de las suficientes advertencias previas para que podamos ponernos a resguardo o minimizar los daños). […] Todo esto es un desarrollo biológico muy reciente. Durante miles de millones de años no había nada parecido en este planeta. Los procesos eran enteramente ciegos o en el mejor de los casos miopes, insensibles y reactivos, nunca previsores y proactivos. (p. 72)

Este punto es importante: aunque nuestro mundo sea determinista, un mundo de causas y efectos, el determinismo no supone un peligro para la libertad. Es más, el determinismo podría favorecer la aparición de la libertad. Y es que, si nuestro mundo se comportase siempre de manera aleatoria, azarosa, ¿qué podríamos predecir? ¿Qué libertad tendríamos para evitar, para pensar cómo nos tendríamos que comportar, qué tendríamos que hacer?

Así pues, nuestra naturaleza no está fijada, o no completamente fijada, por el determinismo: tenemos cierto margen de libertad:

Nuestras naturalezas no están fijadas porque hemos evolucionado hasta convertirnos en entidades diseñadas para cambiar su naturaleza en respuesta a las interacciones con el resto del mundo. (p. 116)

Y continua Dennett:

Toda la angustia acerca del determinismo tiene su origen en una confusión entre lo que supone tener una naturaleza fijada y tener un futuro fijado. La confusión surge cuando uno trata de mantener dos perspectivas simultáneas sobre el universo: la perspectiva del “ojo de Dios”, ante la que se despliegan al mismo tiempo pasado y futuro, y la perspectiva situada de un agente integrado en el universo. Desde la perspectiva intemporal de Dios nada cambia jamás […]. Desde la perspectiva del agente situado, las cosas cambian con el tiempo, y los agentes cambian para hacer frente a dichos cambios. (p. 116)

Obviamente que no tengamos una naturaleza fijada no quiere decir que no estemos sometidos a ciertas leyes, ciertas regularidades, a ciertas limitaciones. Pero eso no tiene nada que ver con el fatalismo que muchas personas asocian al determinismo:

Hay cosas que podemos cambiar y cosas que no podemos cambiar, y algunas de estas últimas son deplorables. Hay muchas coses que están mal en nuestro mundo, pero el determinismo no es una de ellas, incluso aunque nuestro mundo esté determinado. (p. 116)

Quizá Dennett puede mostrar que el determinismo es compatible con el libre albedrío, pero sólo si entendemos “libre albedrío” en un sentido limitado: la capacidad de evitar posibles cursos de acción. Pero no es ése el sentido en el cuál el libre albedrío nos suele importar: nos preocupa el libre albedrío moralmente significativo. Cualquier animal que pueda escoger un curso de acción futuro entre diferentes posibilidades sería libre en el sentido que acabamos de ver. Aun así, no solemos pensar que los animales sean moralmente responsables de lo que hacen.

Así, la libertad humana no puede consistir sólo en aprender de los errores pasados para cambiar comportamientos futuros: la libertad humana tendría que explicar la responsabilidad moral. ¿Y cómo explica Dennett la conexión entre la libertad en un mundo determinista y la responsabilidad moral? Para hacerlo, Dennett dedica una parte de su obra a analizar el concepto de Yo.

Desde hace unos años, gracias a los experimentos de Benjamin Libet, se ha puesto de moda decir que nuestro cerebro decide aquello que haremos antes que nosotros. Para Dennett, esta idea es un sin sentido. La neurociencia más bien muestra que el Yo es el cerebro, todo el cerebro, no hay una zona privilegiada del cerebro que se identifique con el Yo. Y aun así, parece que no podemos evitar sentir que tenemos un Yo separado, una especie de director central de la actividad de nuestro cerebro. ¿Por qué? Para nuestro filósofo, la explicación de este sentimiento del Yo tiene que ver con la evolución y la libertad de escoger cursos de acción.

Como hemos visto, la selección natural puede favorecer que los organismos aprendan de su entorno, aumentado así las opciones de comportamiento. Este aumento de opciones implica que los organismos evalúen estas opciones antes de comprometerse y de poner en práctica alguna de ellas. En el curso de la evolución, sólo algunos organismos han desarrollado la capacidad de ser conscientes de este proceso de evaluación y elección. ¿Por qué? Para Dennett, el factor clave en la emergencia de la conciencia fue la aparición de la comunicación:

Sólo cuando una criatura comienza a desarrollar la actividad comunicativa, y en particular la comunicación de sus planes y acciones, puede esperarse que tenga alguna capacidad de contemplar no sólo los resultados de sus acciones, sino también sus evaluaciones previas y la formación de sus intenciones. (p. 279)

Los organismos con capacidad de comunicarse, además, dispusieron de una herramienta privilegiada para controlar el comportamiento de otros organismos parecidos:

[la comunicació] tendía a darles acceso desde el exterior a aquellos aspectos de sus complicados vecinos que más interesados estaban en ajustar (sin necesidad de saber nada de su sistema interno de control): el cerebro. (p. 281)

Y es aquí donde el sentido del Yo resulta de utilidad:

[…] el Yo, aparentemente ubicado en un cierto lugar del cerebro, […], y que proporciona una imagen limitada y metafórica de lo que ocurre en nuestros cerebros, ofrece esta imagen a los demás, y a nosotros mismos. (p. 281)

El punto clave es que, según nuestro filósofo, el proceso de describirnos a nosotros mismos las razones de nuestras acciones comienza bien pronto, desde la infancia, para continuar durante toda la vida. Y, en este proceso, el sentido de nuestro yo tiende a reforzarse y a aparecer como un agente con capacidad de actuación:

[…] un yo humano propiamente dicho es una creación en buena medida inconsciente de un proceso de diseño interpersonal por el que animamos a los niños a comunicarse y, en particular, a incorporarse a nuestra práctica de pedir y dar razones, y luego a razonar lo que hacen y por qué lo hacen. (p. 305)

Esta conversación continuada sobre las razones de nuestros actos abre la puerta a la aparición de la responsabilidad moral personal. Pero una cosa es que tengamos la capacidad de dar explicaciones de nuestros actos, y otra diferente es que nos sintamos responsables de ellos. No obstante, para Dennett la cuestión es clara:

La gente quiere ser responsable. Los beneficios que ello supone para un ciudadano respetado en una sociedad libre son tantos y tan valiosos que siempre hay una fuerte presunción en favor de la inclusión. La culpa es el precio que pagamos por ganarnos el crédito de los demás, y lo pagamos gustosamente en la mayoría de los casos. (p. 326)

De esta manera, podemos decir que se cierra el círculo en la argumentación de Dennett: el aprendizaje nos permite ampliar el abanico de acciones posibles, y nos permite actuar de otras maneras aunque el determinismo fuese cierto; el lenguaje nos permite ser conscientes de la elección entre posibilidades, y consolidad el sentido de nuestro yo como una agente autónomo; y el deseo de asumir la responsabilidad de nuestros actos hace que, con más cursos de acción posibles, y con el sentido de un yo autónomo, cada vez seamos más responsables:

A medida que aumenta nuestra capacidad para adquirir conocimiento sobre los factores que tienen una influencia causal en nuestras acciones, nos volvemos cada vez más imputables por no conocer factores tanto externos […] como internos […]. (p. 353)

Dennett es, según sus propias palabras, un naturalista: cree que el trabajo filosófico no está por encima de la ciencia, y que los descubrimientos de ésta no pueden ser ignorados por los filósofos. Si te has quedado con ganas de profundizar un poco más en las ideas de Dennett, puedes ver este vídeo: una entrevista en La Ciudad de las Ideas, donde Dennett expone diferentes aspectos de su pensamiento filosófico (como la existencia de Dios o la naturaleza de la moral).

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6 comentarios en “Libres, a pesar de todo: Daniel Dennett y el libre albedrío

  1. Me parece sumamente interesante esta entrada sobre Dennett, la conciencia y el libre albedrío. Este pensador, a pesar de ser totalmente reduccionista, siempre me ha atraído, pues me parece que expresa las cosas con gran claridad y que es muy complejo rebatirle cualquier asunto. Justo ayer, leí varios pasajes de la Ethica de Spinoza que estaban recogidos en un libro sobre él, escrito por un profesor de la facultad en la que estudió, y la verdad es que ambos dicen prácticamente las mismas cosas. Tengo que admitir la debilidad que siento al leer a Spinoza, pues estoy casi totalmente de acuerdo con cada palabra que ha escrito. Me gustaría comentar una anécodta de Daniel Dennett: En un vídeo que anda por youtube, no me acuerdo ahora el título, el anterior filósofo comparaba la degeneración de la sociedad actual con el proceso de evolución artificial de las ovejas: “más tontos, pero más seguros y contentos.” Muy buena entrada, me gustaría que visitases nuestro blog y participases, sería muy enriquecedor, pues tocamos temas filosóficos, y en varias ocasiones algunos que tienen que ver con la libertad y la conciencia, también nos interesamos por la psicología. Saludos. http://www.elsillondelosilustres.wordpress.com

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    1. Me alegra que la hayas encontrado interesante. Tienes razón, Dennett expone las cosas de una manera muy coherente, seguramente el resultado de, como él dice, una investigación de décadas. Aunque conozco los argumentos principales de Spinoza, no sabría juzgar en extenso si son idénticos a las ideas de Dennett, así que gracias por el apunte (y por la mención al vídeo y una des sus llamativas frases). Visitaré vuestro blog, cómo no. Muchas gracias por tu comentario, saludos de vuelta.

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