Estrategias para cambiar de opinión de manera racional

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Uno de los peligros para el deseo de obtener creencias racionales sobre el mundo es, paradójicamente, el deseo de tener razón. O al menos eso es lo que expone Julia Galef en un post de hace ya unos años, en el blog sobre escepticismo y racionalidad Rationally Speaking.

Galef comenta que una de las ironias del racionalismo es que, si se quiere estar en lo cierto es preferible dejar de preocuparse por estar siempre en lo cierto en cualquier desacuerdo.

Y es que, según Galef:

De otra manera, no sería capaz de actualizar mis creencias cuando la evidencia lo requiera.

Así pues, Galef nos ofrece seis estrategias para cambiar de opinión de manera racional (citas del artículo original en inglés, traducción propia):

1. Separa la creencia de la identidad personal:

Nos apegamos tanto a las ideas que creemos que son parte de nosotros mismos, de manera que cuando alguien ataca una creencia que sostenemos, lo tomamos como un ataque personal, y automáticamente tomamos una actitud defensiva. Para evitar que esto ocurra, intento pensar en mi creencia como si no fuese mía, sino tan sólo una creencia más que estoy examinando junto a otras alternativas.

2. Piensa en los desacuerdos como colaboraciones, y no como conflictos:

Cuando estoy en desacuerdo con alguien, intento reenmarcar la conversación, como “Estamos trabajando juntos para hallar la verdad sobre X”, en lugar de “estamos discutiendo sobre X”. Eso me ayuda a pensar que mi objetivo es hallar la respuesta correcta, y no ganar una competición.

3. Visualiza que estás equivocado:

[…] antes de desdeñar un juicio que creas difícil de aceptar, primero visualiza cómo reaccionarías si resultase ser cierto.

4. Piensa en el largo plazo:

Reconocer que estás equivocado parece menos desagradable si piensas en los beneficios a largo plazo: si la gente aprende que estás dispuesto a aceptar un argumento si está justificado, entonces en aquellas ocasiones en que no lo aceptes, estarán más dispuestos a tomar en serio tus objeciones en lugar de rechazarlas como simple obstinación.

5. Felicítate por ser objetivo, no por tener razón:

Parte de la razón por la que es tan difícil cambiar de opinión es porque la imagen de nosotros mismos está ligada con la idea de tener razón. Cuando tenemos razón nos sentimos orgullosos; cuando nos equivocamos nos sentimos decepcionados o avergonzados. […] En lugar de eso, intento reeducarme para sentirme orgullosa cuando considero una cuestión tan objetiva e imparcialmente como me sea posible, tanto si mi creencia inicial sobre la cuestión resulta ser correcta como si no.

6. Si no puedes vencer a tu instinto competitivo, redirígelo:

A veces no puedo vencer a mi deseo de tener razón, de ganar. […] Cuando me siento reacia a admitir que los argumentos de alguien son mejores que los míos, me recuerdo a mí misma que si adopto esas nuevas creencias, puedo usarlas para ganar una discusión futura con alguien que tenga mis creencias actuales.

Da que pensar: Quizá pensamos que la fuerza de nuestra seguridad en una creencia disminuye la oportunidad de corregirla si se demuestra que es falsa. No obstante, en psicología se ha documentado un fenómeno, el llamado hypercorrection effect (HE), que muestra que podemos corregir las creencias de las que estamos muy seguros. El HE funcionaría de la siguiente manera: tras descubrir que alguna de las ideas de la que estábamos muy seguros era de hecho falsa, la sorpresa y el bochorno que experimentamos puede hacer que prestemos más atención a respuestas alternativas que no habíamos considerado. Y eso abre la puerta a la corrección de la creencia.

Las estrategias de Galef también se basan en la confianza de la autora de que podemos cambiar aquellas creencias de las que estamos muy seguros, o que al menos podemos conseguir ponerlas en cuarentena para examinarlas con atención y rechazarlas si contamos con evidencia suficiente. No obstante, el HE tiene matices.  Un estudio de 2012 mostró que el HE desaparece con el tiempo: las creencias erróneas reaparecen con el tiempo si dejamos de estar expuestos a la respuesta correcta. La implicación para el aprendizaje, tanto institucional como personal, es clara: hay que minimizar la exposición a las creencias erróneas y aumentar la exposición a las correctas para que la respuesta acertada persista en nuestra memoria.

Imagen via ronsosenhead.co.uk

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