Van Gogh visto por la ciencia: su obra, su persona, su icono

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El pintor holandés Vincent Van Gogh es uno de los artistas más admirados del arte moderno. Su obra y su persona han sido analizadas y reseñadas en infinidad de publicaciones y de exposiciones  por expertos en arte de todo el mundo. La ciencia tampoco podía escapar al atractivo del holandés. En este post, veremos algunos de los estudios más curiosos en los que aparece la figura del genial pintor. En concreto, veremos en primer lugar estudios sobre algunas de sus obras; en segundo lugar, algunas investigaciones dedicadas a su persona; y en tercer lugar, cómo el icono cultural que es Van Gogh se ha colado en la ciencia, en ocasiones de maneras sorprendentes.

LA CIENCIA DE SU OBRA

En el año 2005, Lars Chittka y Julian Walker, investigadores del University of London’s Queen Mary college, llevaron a cabo un experimento que utilizaba dos entidades que, en apariencia, no tienen ninguna relación: abejas y obras de arte.

Los autores dispusieron cuatro reproducciones de cuadros, dos de ellos con flores, en el camino del vuelo de unas abejas que habían sido criadas en cautividad. Las abejas, por tanto, no habían visto nunca una flor natural y los investigadores querían comprobar dos cosas: si las abejas se posarían sobre los cuadros y, de hacerlo, si se posarían con más frecuencia sobre los cuadros con flores. Los cuadros en cuestión eran: Vaso de flores de Paul Gauguin, Cerámica de Patrick Caulflie, Naturaleza muerta con tarro de cerveza de Fernand Leger… y Los Girasoles de Van Gogh. Pues bien: las abejas se posaron de manera preferente sobre los cuadros de flores, eligiendo en más ocasiones el cuadro de Van Gogh.

El estudio , por tanto, tenía dos conclusiones interesantes. Por un lado, las abejas eran capaces de reconocer las características de una flor aun cuando nunca hubiesen visto una, lo que mostraba el poder de la selección natural para modelar instintos biológicos. Según los autores:

las flores contienen todos los ingredientes que una abeja necesita para prosperar: polen y néctar, y las abejas se ven favorecidas con “preferencias estéticas” que les permiten seleccionar esas flores que ofrecen la mayor riqueza.

Esa preferencia estética se centra en tres colores, aquellos que pueden percibir las abejas: el ultravioleta, el azul y el verde. Los girasoles de Van Gogh estarían dentro del espectro “verde abeja”, por lo que podrían haber resultado atractivas para ellas. De manera similar, un número significativo de aterrizajes se dio en la firma “Vincent” del cuadro de Van Gogh: escrita en azul, ofrecía un reclamo llamativo para las abejas ya que el azul, según los investigadores, sería un color indicativo de flores con mucho néctar.

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Una abeja posada sobre la firma de Van Gogh. Imagen via BBC Mundo

La segunda conclusión interesante del estudio está relacionada con la representación humana de las flores. Si las abejas encontraron interesantes los cuadros es que éstos, como expresó Chittka:

[…] lograron capturar la esencia de las características florales desde el punto de vista de una abeja

¿Por qué esta coincidencia? ¿No sería de esperar que las flores representadas por un pintor fueran diferentes a las flores percibidas por una abeja, teniendo en cuenta los diferentes que somos los primates y las abejas? Según Chittka y Walker, podría haber una explicación evolutiva. Aunque las flores jueguen un papel marginal en la dieta de los primates, pueden ser un indicador de disponibilidad de recursos: pueden ser una pista de la presencia de agua, o de frutos o miel. Esa asociación entre las flores y la disponibilidad de recursos podría, en parte, explicar por qué apreciamos estéticamente las flores. Y esa apreciación puede, a la vez, ser la responsable de que pintores como Van Gogh pudieran crear girasoles que, un siglo después, fueran atractivos para las abejas.

Y hablando de los girasoles de Van Gogh… Los girasoles no es un cuadro, sino una serie pintada por Van Gogh entre 1888 y 1889. La serie consta de tres cuadros con catorce girasoles en un jarrón, dos con doce girasoles, uno con tres y otro con cinco. Pero son unos girasoles muy particulares. Algunos de ellos no parecen girasoles, dado que no presentan ese centro grande, de color oscuro típico de los girasoles: algunos de los girasoles de Van Gogh parecen más bien una especie de pompón globoso. En 2012, unos investigadores estadounidenses determinaron que esos girasoles eran variedades mutantes. E incluso pudieron especificar el gen responsable de la forma peculiar de este tipo de girasoles.

Los girasoles mutantes de Van Gogh, señalados con flechas en el cuadro. A la izquierda, en el centro, el girasol mutante en la naturaleza. Imagen via Nature news
Los girasoles mutantes de Van Gogh, señalados con flechas en el cuadro. A la izquierda, en el centro, el girasol mutante en la naturaleza. Imagen via Nature news

Dejemos los girasoles y hablemos de otros cuadros emblemáticos. Hacia 1889, Van Gogh daba muestras severes de inestabilidad mental. Sea coincidencia o no, justo por esa época de su internamiento en el sanatorio de Saint-Paul, en el pueblo francés de Saint-Rémy, Van Gogh pintó tres de sus obras más icónicas: Noche estrellada, Camino con ciprés y estrella y Campo de trigo con cuervos. Las formas ondulantes de las tres obras fueron objeto de análisis de un estudio del año 2006, que conectó el arte de Van Gogh con uno de los problemas más complejos de la física: la turbulencia.

La mayoría de los fluidos de la naturaleza son turbulentos, y por ello desde hace siglos los físicos luchan por entender su funcionamiento. Una lucha nada fácil, ya que una de las características de la turbulencia es su impredicibilidad: los remolinos de un movimiento turbulento generan nuevos remolinos, que a su vez generan otros,… en una secuencia que es difícil de predecir. Y si es difícil de predecir, entonces es difícil de expresar en términos matemáticos.

En 1941, el físico y matemático ruso Andrei Kolmogorov elaboró un modelo matemático que permitía describir la probabilidad de hallar una diferencia concreta de velocidad entre dos puntos del fluido. El estudio de 2006 descubrió que los patrones de claro / oscuro de las tres obras mencionadas de Van Gogh reproducían la estructura matemática de la turbulencia prevista por el modelo matemático de Kolmogorov. Dicho de otra manera: las ondulaciones de los cuadros de Van Gogh describían el comportamiento de la turbulencia que fue descubierto décadas después por la ciencia.

La iniciativa TED-Ed difundió un vídeo animado sobre las matemáticas y la física latente en Noche estrellada:

LA CIENCIA DE SU PERSONA

Van Gogh es uno de los ejemplos más destacados del estereotipo del “genio loco”. No es de extrañar que hayan sido multitud los estudios dedicados a averiguar la naturaleza exacta de su dolencia mental. La última gran biografía de Van Gogh, escrita por Steven Naifeh y Gregory White Smith no examina en detalle la cuestión, pero sí que hace referencia a lo que en la época se denominaba “epilepsia nerviosa”: unas explosiones de descargas neuronales que

[…] solían originarse o afectar a las partes más sensibles del cerebro, sobre todo al lóbulo temporal y al sistema límbico: las sedes de la percepción, atención, comprensión, personalidad, cognición, emoción y memoria. (pp 726 -727)

A los ataques les seguía periodos de gran pasividad, que a su vez eran sustituidos por otros de gran excitabilidad:

La víctima está obsesivamente pendiente del mundo exterior, experimenta sentimientos intensos y profundas emociones […] y un gran entusiasmo (p727)

Unas emociones que, desatadas, conducían a los ataques, comenzando de nuevo el ciclo. La lectura de la obra de Naifeh y White Smith deja con la sensación de asistir al desarrollo de una vida marcada por la manía-depresiva: un hombre torturado por pasiones desmedidas y contradictorias. El propio Naifeh ha comentado que Van Gogh era con toda probabilidad maníaco-depresivo.

Puede que fuera durante un brote psicótico cuando el artista se cortó el lóbulo de su oreja izquierda. El pasado 2014 la artista Diemunt Strebe llevó a cabo un más que curioso proyecto: una réplica exacta de la oreja mutilada del pintor. Strebe se valió del DNA del tataranieto de su hermano Theo. Para replicar la forma de la oreja, Strebe utilizó unas medidas tomadas de una imagen del pintor, que fueron luego extrapoladas a una impresora 3D. Strebe rellenó el molde obtenido con un polímero orgánico, añadiendo las células generadas a partir del ADN de su descendiente. La oreja de Van Gogh estaba lista.

La extraña iniciativa no se quedó ahí. Expuesta por primera vez en el Center for Art and Media (ZKM), en Karlsruhe, la oreja se preservó en una solución salina conectada a un micrófono. A los visitantes a la instalación se les invitaba a hablar a la oreja a través del micrófono: un ordenador simulaba impulsos nerviosos, lo que permitía retornar el sonido recibido, tras ser procesado, a través de un altavoz.

La oreja replicada por Strebe. Imagen via Wired
La oreja replicada por Strebe. Imagen via Wired

La obra, llamada Sugababe, pretendía hacer reflexionar al público sobre un problema expuesto por el historiador griego Plutarco hace 2000 años. Plutarco se preguntaba: si un barco es restaurado, pero reemplazando todas sus piezas, ¿sigue siendo el mismo barco? Por analogía, Strebe exponía de una manera muy directa la cuestión de la identidad personal a través de la famosa oreja de Van Gogh.

El desafortunado incidente de la oreja ha pasado a formar parte indisoluble de la leyenda de Van Gogh. Un gesto de desesperación, impulsado por la excentricidad que para algunos aquejaba al holandés. Y sobre la excentricidad de los artistas trataba un interesante estudio psicológico, llevado a cabo en 2014. Según las conclusiones del trabajo, las obras de arte producidas por una personalidad excéntrica se juzgan como mejores y más valiosas que aquellas producidas por una personalidad menos controvertida. Eso sí, excepto si la obra en cuestión es convencional o si se cree que los signos de excentricidad son fingidos. En el experimento, los investigadores comprobaron que 38 estudiantes valoraban más positivamente una pintura de Van Gogh si primero se les explicaba el incidente de su oreja. Obtuvieron resultados semejantes cuando los sujetos valoraban obras de Lady Gaga o de Joseph Beuys.

En su época, las pinturas de Van Gogh debieron resultar sin duda excéntricas a sus contemporáneos: sus pinceladas furibundas y, cómo no, su uso apasionado del color estaban muy lejos de lo que pintaban sus contemporáneos. Puede que ese uso particular del color tenga una explicación que vaya más allá de los principios estéticos del holandés. En 2012, el doctor Kazunori Asad, un experto japonés en visión, fue invitado como ponente a la Hokkaido Color Universal Design Organization, en Japón. Una de las instalaciones del evento que visitó el doctor Asad, la Color Vision Experience Room, estaba diseñada para simular cómo personas con diferentes tipos de deficiencias visuales percibían grandes obras de arte. Y entre esas obras había reproducciones de Van Gogh. Asad quedó impresionado por cómo lucían las obras de Van Gogh en la instalación. Según cuenta en su blog, las pinturas originales utilizan el color de forma demasiado directa: líneas de colores diferentes surcan juntas el lienzo, y las transiciones entre diferentes colores son abruptas. Pero para Asad esa particularidad de las pinturas quedaba atenuada en la instalación: bajo la luz manipulada de la sala, la incongruencia del color y la brusquedad de las líneas desaparecía, y cada cuadro presentaba delicadas líneas y sombras. ¿Quería eso decir que quizá Van Gogh tenía algún tipo de deficiencia visual para el color?

Llevado por el entusiasmo, Asad desarrolló la aplicación Chromatic Vision Simulator, que simula varias deficiencias para el color, incluida la que podría haber aquejado a Van Gogh, una ceguera para el color rojo. Gracias a su aplicación, Asad pudo crear versiones “corregidas” para varias obras de Van Gogh, según lo que podría ser una falta de receptores para el rojo. Puedes ver las imágenes resultantes en el blog de Asad. La propuesta de Asad dio que hablar, tratándose de un artista que es sinónimo de color. Puede que nunca sepamos si Van Gogh tenía algún tipo de deficiencia visual, pero como dice Bob Duggan en Big Think, las correcciones de Asad parecen carentes de la vida que les imprimió originalmente Van Gogh:

I don’t know if van Gogh was color deficient or partially color blind, but even I can see that the Sunflowers seem dead when “normalized” by Asada’s technology. Where he sees clarity, I see soullessness. van Gogh painted the spirit of the sunflower rather than the naked architecture of the plant. Asada raises an interesting question, but we need to avoid blinding ourselves to the real answer found in the paintings.

VAN GOGH EN LA CIENCIA

La genética ha avanzado a pasos agigantados en las últimas décadas gracias, en parte, a un modesto animal: la mosca del vinagre. De nombre científico Drosophyla melanogaster, la mosca del vinagre ha mostrado ser un organismo ideal para estudiar las leyes de la herencia y los efectos de los genes: es fácil de mantener en el laboratorio, se reproduce con rapidez y las mutaciones génicas suelen expresarse de manera aparatosa (diferentes coloraciones o disposiciones de miembros,…).

En general, cuando un investigador descubre un gen es libre de denominarlo como guste. Lo mismo sucede cuando un genético descubre un gen en la mosca de la fruta. Los nombres , por tanto, son de lo más diversos, ya que dependen del gusto, de la sensibilidad e incluso del sentido del humor del investigador. Un curiosísimo artículo de 2001 de American Scientist recogía un buen número de nombres curiosos con que los científicos han bautizado a genes de Drosophila: desde yippee (“hurra”), hasta vulcan o klingon (términos de la serie Star Trek), o grappa (por el licor). Y, cómo no, Van Gogh.

Fue Paul Adler, por entonces profesor de biología en la University of Virginia, quien bautizó con ese nombre a un gen de Drosophila que había aislado en 1994. Una mutación en el gen cambiaba la disposición de los pelos que revisten el cuerpo de la mosca: vistos bajo el microscopio, en lugar de apuntar en la misma dirección, como suele ser lo usual, los pelos creaban remolinos. Y esos remolinos inmediatamente hicieron pensar a Adler en el cuadro Noche estrellada.

La mutación
La mutación “Van Gogh” de Drosophila. Imagen via American Scientist

Como puedes ver, el icónico cuadro de Van Gogh ha penetrado de tal manera en la conciencia colectiva que podemos encontrar ecos de su influencia en los ámbitos más insospechados. Veamos otros tres ejemplos.

Continuemos en el mundo de lo vivo, pero dejemos a las moscas y hablemos de otros organismos básicos en la investigación biológica: las bacterias. A pesar de su microscópico tamaño, las bacterias individuales pueden unirse para dar lugar a complejas estructuras colectivas. Esas estructuras tienen propiedades que permiten afrontar retos ambientales que por separado serían insalvables. Los investigadores Jordi van Gestel, Hera Vlamakis y Roberto Kolter pudieron observar una de esas curiosas estructuras en acción en la bacteria Bacillus subtilis.

El estudio mostraba cómo una colonia de Bacillus subtilis podía desplazarse por un sustrato gracias al trabajo en equipo de los miembros de la colonia. Un tipo de células se sitúa en las afueras de la colonia, formando filamentos que la impulsan, dándole movimiento. El equipo de científicos observó que los filamentos se organizaban en bucles que, por su parecido con los bucles de Noche estrellada, decidieron nombrar bucles Van Gogh (Van Gohg bundles).

Los bucles Van Gogh. Imagen del artículo original
Los bucles Van Gogh. Imagen del artículo original

Demos un salto gigantesco de escala: abandonemos el mundo de lo biológico y de lo microscópico, y fijemos nuestra mirada en la superficie de nuestro planeta. La NASA mantiene una iniciativa de visualización de diferentes datos atmosféricos, el llamado NASA Scientific Visualization Studio. En 2012 creó una animación de las corrientes superficiales de nuestros océanos, utilizando datos de satélite, de localización y computacionales. El resultado es un vídeo de unos 20 minutos de duración, llamado Perpetual Ocean, donde podemos observar cómo las aguas superficiales se mueven a través del globo, y qué aspecto tiene ese flujo.

Los movimientos de las corrientes y los colores vivos de la visualización recuerdan a… sí, a Noche estrellada. Aunque la NASA en ningún momento menciona el cuadro de Van Gogh, una reseña de la visualización en el influyente blod de diseño FastCoDesign  sí lo hace, y con razón. La similitud es más aparente si comparas la animación de la NASA con la bella aplicación que creó el artista Petros Vrellis , donde puedes ver los bucles de Noche estrellada en movimiento.

Demos para nuestro tercer ejemplo otro salto de escala, para situarnos esta vez en el espacio exterior. La Agencia Espacial Europea presentó en mayo de 2015 una imagen, obtenida gracias al satélite Planck, de la formación de estrellas en la nube molecular de Orion. Y, de nuevo, no falta quien ha encontrado similitudes con la obra del pintor: entre otros, el periódico Daily Mail, del Reino Unido, y el blog Gizmodo.

Imagen del satélite Planck, via Gizmodo
Imagen del satélite Planck, via Gizmodo

BONUS: En 2013, el arquitecto y fotógrafo lituano Tadao Cern recreó digitalmente uno de los autoretratos más famosos del pintor como si fuese una fotografía moderna. El resultado:

La obra de Cern. Imagen via The Atlantic
La obra de Cern. Imagen via The Atlantic

El proceso de transformación puede verse en este video creado por Cern:

Vincent Van Gogh mantiene un inagotable poder para seducirnos e inspirarnos. Pero, aunque decirlo sea una obviedad, Van Gogh fue un hombre de carne y hueso, un ser sometido a terribles padecimientos, que sólo después de su muerte fue incorporado vorazmente a la cultura popular. El resultado del proyecto de Cern nos devuelve, aunque de manera aproximada, una imagen humana del pintor. Y siempre que pienso en la persona que fue Van Gogh, deseo aplicarle las palabras que Jack Kerouac hizo decir a Mardou Fox, la protagonista de su novela Los subterráneos, a propósito del poeta Charles Baudelaire:

Hubiera preferido que él fuera dichoso en vez de los poemas desdichados que nos ha dejado

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