Buen arte, malas personas

Obra de Ray Turner, de la serie “Good man, bad man” (rayturner.us)

Wagner, Degas, Ezra Pound y T.S. Eliot eran antisemitas; Picasso era misógino, tanto que dos de sus mujeres se volvieron locas, y dos más se suicidaron; Norman Mailer intentó asesinar a una de sus esposas; Caravaggio y Ben Jonson mataron a otros hombres, en duelos o en peleas; Genet era un ladrón; Arthur Rimbaud pasó su vida adulta como traficante de armas y de esclavos; Lord Byron cometió incesto, y Gustave Flaubert practicaba sexo con chicos.

La lista de barbaridades y prejuicios a las que se entregaron algunas de las mentes artísticas más brillantes de la historia es más que extensa, y los mencionados son sólo algunos de los ejemplos que utilizó Charles McGrath al analizar, en un artículo del New York Times, la relación entre el buen arte y el mal comportamiento de las personas que lo crean. Seguir leyendo

¿Deberíamos tener menos hijos para salvar el planeta?

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Parece que no haya semana en que no tengamos una mala noticia relacionada con el cambio climático y el calentamiento global. Por poner sólo algunos ejemplos de noticias recientes (en el momento de escribir esto): el hielo del Ártico alcanzó este verano su segundo nivel más bajo desde que se tienen registros; en EEUU hay voces que afirman que el crecimiento del nivel del mar ya está produciendo efectos palpables en sus costas; un estudio reciente parece echar por tierra la idea de que un incremento de CO2 en la atmósfera puede ser beneficioso para las plantas.

A pesar de estas claras señales de los cambios que se están produciendo en el clima, y de sus efectos a nivel global, y a pesar de los informes de organismos internacionales que alertan de cuánto podría empeorar la situación en el futuro, parece que las medidas de los diferentes gobiernos no están a la altura del compromiso.

Vistas así las cosas, no faltan voces que propongan nuevos medios para combatir el cambio climático. En agosto de 2016, la página web de npr publicaba un artículo de Jennifer Ludden que recogía una propuesta polémica: según el filósofo Travis Rieder, si queremos salvar el planeta deberíamos tener menos hijos (o no tenerlos en absoluto). Seguir leyendo

La mala novela, esa amiga

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Esta novela, difícil y aburrida que traje conmigo a este viaje –trato de leerla. He vuelto a ella tantas veces, cada vez temiéndola más y cada vez encontrándola no más interesante que la última vez, que ahora se ha convertido en algo así como una vieja amiga. Mi vieja amiga, la mala novela.

Lydia Davis es una de las narradoras más celebradas de EEUU. Su fama y reconocimiento también se extiende al mundo hispanohablante, gracias a la publicación al español y a otros idiomas como el catalén de algunas de sus obras, como esta Ni puedo ni quiero, publicada por la editorial Eterna Cadencia.

El estilo de Davis es peculiar, y ya es una marca distintiva: relatos breves, brevísimos en muchos casos, llenos de humor, sarcasmo a veces, y que incitan a la reflexión, el juego filosófico y los dobles sentidos, como este microrelato titulado La mala novela. 

 

La grandeza y la servidumbre de la literatura social 

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Me acuerdo de haber leído en un prólogo de O’Flaherty a un libro de Green, De la mina al cementerio, que él “no tenía la culpa de que su mundo circudante fuera negro y feo y que él escribiía de lo que tenía cerca y le hería”. Añadiendo: “Pido a mis críticos que construyan un mundo de color de rosa y yo automáticamente me teñiré de rosa”. En estas dos frases se encierra la grandeza y la servidumbre de la literatura social.

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La Poesía: la última Casa de Misericordia

Joan Margarit es uno de los poetas más reconocidos en lengua catalana y española. Su dilatada carrera le ha valido reconocimientos (como el Premio Nacional de Poesía de España otorgado en el año 2008), traducciones a varios idiomas y apariciones en variados medios de comunicación.

El pasado 2015 la editorial Arpa publicó Un mal poema ensucia el mundo, una obra en la que se recoge la obra en prosa de Margarit.

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Es una colección heterogénea, pues recoge prólogos y epílogos de sus anteriores obras así como una sección titulada Nuevas cartas a un joven poeta. Estas “cartas” recogen distintos aspectos de lo que para Margarit es el arte poético, en forma de consejos o reflexiones. De entre esas cartas hay una que voy a destacar aquí, la titulada Entender un buen poema.

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La vida no cabe en un poema (ni tan sólo de Jaime Gil de Biedma)

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¿En qué consiste la vida? Seguro que todos, en más de una ocasión, hemos tenido la sensación de que vivir consiste en algo así como en un ir pasando etapas: nacer, crecer, envejecer, morir. Unas etapas de las que nadie escapa, que se repiten en cada individuo de manera inapelable.

De todos los géneros literarios, quizá sea la poesía la que mejor capte esa sensación de extrañeza, de decepción, de tristeza que nos causa la consciencia de que vivir sea, al fin y al cabo, ni más ni menos que eso.

Pero por muy líricos y bellos que sean los cantos de la poesía sobre las etapas de la vida, quizá haríamos bien en tomarlos con un poco de escepticismo y de distancia. Seguir leyendo

El periodismo y el prejuicio de los lectores sin tiempo

Si hace un siglo las leyes del periodismo estaban tan claras, ¿por qué o cómo fueron cambiando? ¿Qué hizo suponer a muchos editores inteligentes que, para enfrentar el avance de la televisión y de Internet, era preciso dar noticias en forma de píldoras, porque la gente no tenía tiempo para leerlas? ¿Por qué se mutilan noticias que, según los jefes de redacción, interesan sólo a una minoría, olvidando que esas minorías son, con frecuencia, las mejores difusoras de la calidad de un periódico? Que un diario entero esté concebido en forma de píldoras informativas puede ser no sólo aceptable sino también asombroso, porque pone en juego, desde el principio al fin, un valor muy claro: es un diario hecho para lectores de paso, para gente que no tiene tiempo de ver siquiera la televisión. Pero el prejuicio de que todos los lectores nunca tienen tiempo me parece tan irrazonable como el prejuicio de que son semi-analfabetos a los que se les debe hablar en un lenguaje elemental de doscientas palabras. Los seres humanos siempre tienen tiempo para enterarse de lo que les interesa.

 

La cita está extraída del texto del escritor y periodista Tomás Eloy Martínez tituladoEl periodismo vuelve a contar historias, publicado en el diario La Nación en el año 2001.