¿Es ético el foie gras?

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Por fortuna, el número de personas concienciada de la necesidad de dar un trato más ético a los seres vivos no deja de crecer. Esa conciencia produce interesantes conflictos con otras esferas de nuestra vida cotidiana, siendo la más clara la alimentación. Hay prácticas alimentarias, o productos concretos, que reciben las más variadas acusaciones de representar unas prácticas inmorales y poco éticas. De entre esos productos, destaca con fuerza uno que levanta pasiones contradictorias: el foie gras.

Una exquisitez para muchos, y para tantos otros un claro ejemplo de trato vejatorio para los animales, el foie gras recibe duras críticas de organizaciones como PETA. Pero, ¿es indefendible el foie gras desde un punto de vista ético?

Paul McQueen, en un artículo para The Culture Trip, examina algunos de los argumentos que se esgrimen en contra de este producto, mostrando que en su opinión el foie gras tiene cierta defensa.

Comentaré brevemente sólo un par de sus ideas, y te invito a leer el artículo completo (en inglés) para tener una visión más completa de los argumentos del autor.

En primer lugar, dice McQueen que una queja común contra el foie gras es las condiciones de vida a las que se someten a los animales: los patos y gansos se alimentan de manera normal en granjas en los primeros meses, y después se pasan a recintos pequeños donde son forzados a alimentarse entre dos y tres veces al día. Aunque McQueen comenta que es imposible afirmar que no se produce ningún daño a las aves mantenidas en granjas, puede que sí sea posible matizar esa afirmación. Y ello por un argumento económico: según McQueen, unos cálculos rápidos permiten ver que proporcionar un trato dañino a los animales va directamente en contra de los intereses de los productores.

[…] eso no implica sugerir que en esta industria, como todas las otras, esté libre de practicantes por debajo de los estándares de calidad, pero lo que sí significa es que hay un claro incentivo financiero para tratar a los animales de manera que preserven su salud.

En segundo lugar, otra acusación frecuente contra el foie gras es la naturaleza intrínsecamente dañina de la alimentación forzada: un tubo inserto por la garganta mediante el que se suministra el alimento, que podría causar ahogamiento o muerte por neumonía. Para McQueen esta es otra afirmación matizable, teniendo en cuenta la fisiología de patos y gansos: ambos animales tienen tráqueas y esófagos separados, a diferencia de lo que pasa en humanos. Por tanto:

un pato o un ganso podría, teóricamente, tener un tubo (o una piedra, o un pez, o cualquier cosa que pudiera tragar de manera natural) alojado permanentemente en la garganta sin atragantarse o asfixiarse.

 

Da que pensar: En este blog estoy, sin duda, a favor de dispensar a los seres vivos un trato lo más ético y digno posible. De hecho, he tratado estas cuestiones en otras entradas, como las referidas a la inteligencia y sensibilidad en el mundo vegetal o a la cuestión de la conciencia en los insectos.

Lo interesante en el artículo de McQueen son las tensiones que se dan entre la sentida obligación de dispensar un trato ético y las prácticas o necesidades cotidianas de los seres humanos. Por ejemplo, como comentaba en esas entradas a las que me he referido: si los vegetales son seres sensibles, ¿es lícito alimentarnos de ellos siguiendo según qué conductas?, y ¿es posible renunciar al alimento vegetal, en base a consideraciones éticas? Algo parecido implica la argumentación de McQueen, aunque sin duda el foie gras es un alimento menos básico que las muchas especies de vegetales de los que nos alimentamos. Aun así, las preguntas que encierra la idea de base me siguen pareciendo las mismas: ¿podemos renunciar a alimentarnos si con ello causamos un sufrimiento a los seres vivos?; ¿qué seres vivos podemos entonces excluir de nuestras dietas: sólo los animales, o también los vegetales?; ¿hay diferentes grados de sufrimiento aceptables defendibles? Preguntas todas ellas que pueden llegar a ser complejas si las consideramos de manera amplia.

Por lo que hace al foie gras, McQueen parece tenerlo claro:

Si decides no comer carne por razones éticas eso es, obviamente, completamente comprensible. Dada la manera en que está cambiando el clima, puede que pronto nos enfrentemos a no tener otra opción que sobrevivir con frutos secos y bayas. De todas formas, si eres un carnívoro convencido, entonces no deberías caer en la idea de que el foie gras es algo aborrecible en sí mismo.

 

Imagen via D’Artagnan

Así suena un paseo en la niebla por Venecia

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Venecia es una ciudad mágica. Una multitud de calles que se cruzan, de plazas apenas entrevistas, de lugares a salvo del ajetreo constante de la gente y, cómo no, de puentes en los puntos más inesperados. Todo ello crea un conjunto lleno de misterio, de romanticismo dirían muchos, una sensación que se acentúa en invierno o en aquellos días en que la niebla envuelve la ciudad.

Si nunca has tenido la oportunidad de pasear por Venecia, o si lo hiciste en su día pero echas en falta la sensación, no te pierdas una iniciativa que te acerca algo de esa experiencia directo a tus oídos. Seguir leyendo

El mito de los estilos de aprendizaje

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El mundo de la educación lleva ya varios años sacudido por diferentes corrientes que dicen suponer una alternativa al modelo clásico. Una de esas corrientes es la que supone que aprendemos mejor cuando la enseñanza está basada en nuestro “estilo de aprendizaje” (“learning style”) preferido.

No obstante, parece ser que los estudios que se han llevado a cabo analizando la veracidad de la idea de los estilos de aprendizaje han tenido resultados negativos. Entonces, ¿por qué es una idea tan popular entre profesores y alumnos? Christian Jarrett, en BPS Research Digest, nos reseña un estudio que podría apuntar a la respuesta. Seguir leyendo

Minutos musicales: Close to Her, de Benjamin Gustafsson

Me gustaría inaugurar con esta entrada una pequeña sección en el blog dedicada a la música. O, más concretamente, dedicada a la música que es creada y distribuida fuera de los grandes circuitos comerciales.

Para los que amamos la música, sin duda que Internet nos ofrece un abanico inmenso de descubrimientos, de perlas, de bellos momentos, gracias a la labor de artistas que nos ofrecen su música de manera abierta y, en ocasiones, de manera totalmente desinteresada. Lo menos que podemos hacer, en la medida de lo posible, es darles el reconocimiento que merecen y compartir con otros su música, para que obtengan la difusión y el reconocimiento que merecen, cuanto más mejor.

El tema que he elegido para inagurar la sección “Minutos musicales” (que espero que tenga una larga vida) es Close to Her, de Benjamin Gustafsson.

En su página web, Gustafsson nos ofrece una descripción de su música y de sus principios como artista:

Benjamin Gustafsson es un compositor, productor y arquitecto sonoro del sur de Suecia. Desde temprana edad, ha escrito su propia música, absorto en el descubrimiento de nuevos sonidos, nuevas melodías y nuevas maneras de expresar lo que oye en su mente. Su música de ensueño atraviesa géneros, desde las composiciones clásicas ambientales hasta los paisajes de sonido de piano. Benjamin une la distancia entre los mundos acústico y electrónico, ofreciendo un cálido híbrido entre dos géneros dispares.

Ciertamente, Close to Her posée esas características que menciona el músico: una mezcla entre música ambiente y clásica, una composición de solo piano en la que se van uniendo diversas capas, desde las dispersas notas iniciales, que van proporcionando nuevos matices de vida y de emoción. Y ello sobre una ligera capa de percusión que va entrando en la pieza sin prisa, en el momento justo en el que el tema empieza a tomar vuelo. Un vuelo delicado y bello.

Disfruta de Close to Her, y visita la página web de Gustafsson o su perfil en Soundcloud para escuchar más composiciones.

Daniel Kahneman: ¿está equivocado el maestro del error?

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Si hay un científico que en tiempos recientes haya alcanzado celebridad entre el gran público por su trabajo, bien podría ser Daniel Kahneman. Su trabajo con Amos Tversky supuso una de las más fascinantes aproximaciones a cómo razonamos y a los errores sistemáticos a los que estamos sujetos. Tras su fructífera colaboración, Kahneman recogió sus hallazgos y los de otros investigadores en un libro para el público general que ya es un clásico: Pensar rápido, pensar despacio.

La relación entre Daniel Kahneman y Amos Tversky es el objeto del libro de Michael Leiws The Undoing Project, al que Daniel Engber dedica un comentario en Slate. Según Engsber, la relación entre Kahneman y Tversky pasó de ser una emocionante aventura intelectual a una compleja relación humana. Ambos poseían carácteres claramente opuestos: más taciturno, pesimista y depresivo Kahneman, más seguro de sí mismo, abierto y extrovertido Tversky. Además, con el tiempo en Kahneman fraguó la idea de que su aportación estaba siendo oscurecida por la personalidad fuerte y segura de su compañero.

El libro de Michael Lewis, inédito en español en el momento de escribir esto, tiene bastantes posibilidades de convertirse en un referente para comprender la aventura científica de Kahneman y Tversky. Pero Engber dedica en su reseña unos párrafos interesantes a mencionar los errores a los que el propio Kahneman puede haber sucumbido en su obra. Seguir leyendo

Cómo los medios de comunicación distorsionaron las guerras de Yugoslavia

Para aquellos que nos acercamos raudos a los cuarenta de edad, a través de la televisión se coló en nuestra infancia un desgraciado acontecimiento en el corazón de Europa: las guerras que sacudieron y desmembraron a la antigua Yugoslavia.

En el imaginario popular han quedado brutales imágenes de genocidio, de fosas comunes, de asesinatos y violaciones entre los que una vez fueron pacíficos vecinos o conciudadanos, de violencia étnica y religiosa. Todo ello tal y como si los pueblos en conflicto (serbios, croatas, bosnios, eslovenos) estuvieran predestinados a una espiral de muerte y violencia, producto de odios ancestrales.

Por supuesto que existían tensiones, agravios, historias y leyendas de violencia en un área de Europa sometida constantemente por potencias invasoras. Pero a pesar de esa imagen pública de una propensión casi innata al odio y la violencia, nada en las relaciones entre esos pueblos en las décadas anteriores a la barbarie cabía hacer esperar los sucesos que acaecieron en la década de 1990.

No son pocas las obras que han probado de desentrañar para el público general lo que parece un misterio: cómo pueblos que consiguieron convivir pacíficamente durante décadas acabaron matándose, temiéndose y odiándose con tanta saña. Una de las últimas en hacerlo es Y llegó la barbarie, de José Ángel Ruiz Jiménez.

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¿Cómo convencer a liberales y conservadores?: adaptando el mensaje

 

La orientación política parece ser una parte irrenunciable de la personalidad de miles de individuos. Y eso puede llegar a ser un problema: grandes desafíos como el cambio climático parecen exigir una respuesta conjunta y coordinada, más allá de las diferencias particulares en la forma de entender determinados hechos sociales.

Es por ello que desde hace años hay una considerable preocupación por hallar formas de fomentar el diálogo y la comprensión entre las diversas ideologías. Geoff Haddock, en Psychology Today, reseñaba en abril de 2016 los resultados de un estudio (también de 2016) que ofrecían otra muestra de cómo la forma de transmitir los mensajes puede afectar a lo dispuestos que estén las personas a tenerlos en consideración.

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